Las circunstancias que rodean el milagro de la multiplicación de los panes nos ayudan a profundizar en su sentido.
Juan Bautista ha muerto, asesinado por Herodes Antipas en la fortaleza de Maqueronte. Los evangelios relacionaban el encarcelamiento de Juan con el comienzo del ministerio de Jesús; ahora, san Mateo relaciona su muerte con el milagro central de ese ministerio público: el alimento de la multitud por parte de Jesús.
Continuamos leyendo este domingo el discurso de Jesús en parábolas que san Mateo nos ofrece. Dedicábamos un día a la parábola del sembrador y su interpretación; la semana siguiente, nos centrábamos en la parábola de la cizaña, unida a la del grano de mostaza y la levadura. Después de estas cuatro parábolas, la liturgia de este domingo nos ofrece las cuatro parábolas restantes: el tesoro escondido y la perla, la red y el arca de la casa.
¿No es Dios el creador y el señor de la historia? ¿Por qué permite, entonces, que sucedan las desgracias? ¿Por qué no arranca la semilla del mal de en medio de la historia? Si él todo lo ha creado bueno, ¿de dónde proviene el mal que crece por doquier?
Seguimos recorriendo el evangelio según san Mateo. Este domingo escuchamos el comienzo del discurso en parábolas; como en san Marcos, también san Mateo comienza con la parábola del sembrador y su explicación. Tenemos tres partes bien diferenciadas en el texto: la proclamación de la parábola del sembrador junto al mar, el diálogo con los discípulos para revelar por qué Jesús habla en parábolas, y la explicación de la parábola.
El capítulo once del evangelio según san Mateo cierra una primera parte del ministerio de Jesús y, por ello, se nos ofrece un balance de esa etapa. Dicho balance es más bien negativo: aunque Jesús es reconocido por Juan Bautista como el Mesías enviado a Israel, acreditado por sus obras y palabras, el pueblo no ha creído; la generación de Jesús es rebelde y las ciudades que ha visitado no se han abierto a su mensaje.
Permitidme que, en la reflexión de este domingo, os invite a no comprender.
En el evangelio que la liturgia nos propone, escucharemos el final del discurso apostólico en san Mateo. El texto tiene dos partes bien definidas: la segunda parte es más o menos sencilla y cuadra bien con el contexto del envío: el que recibe a los apóstoles, recibe a Jesús y, a su vez, quien recibe a Jesús, recibe a Dios, que lo envió; estamos muy cerca de la perspectiva de san Juan: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». También es fácil de comprender lo que sigue: el que os dé a beber, aunque sea solo un vaso de agua porque vais enviados por mí, porque sois discípulos, no perderá la recompensa.
En la mayor parte de los colegios, esta semana han finalizado las clases de este curso. El miércoles pasado, último día de clase, me encontré a mediodía con un grupo de madres y niños que volvían del colegio. Una niña, la más pequeña de todos, iba llorando amargamente. Me acerqué y, con un poco de ironía, pregunté si estaba triste porque había terminado el colegio. Efectivamente, me dijeron las madres. Pero la razón no era evidente: su tristeza brotaba de la despedida de la profesora que había sido su tutora durante este año; la niña lloraba por el cariño que quedaba atrás.
En aquel momento, le dije a la niña que, con el nuevo curso, no perdía una profesora, sino que ganaba dos: la antigua tutora seguiría siendo su amiga y, ahora, iba a conocer a una nueva profesora que cuidaría de ella y la acompañaría en su crecimiento. La niña quiso dibujar una sonrisa, pero no sé si quedó muy convencida: pasados unos instantes, el llanto continuó.
En los tiempos de Jesús, viendo a las gentes, el Maestro se compadecía de ellos porque estaban «como ovejas sin pastor». ¿Cómo está el rebaño en estos tiempos nuestros?
En estos intensos días de la visita del papa León XIV a España, daba la impresión de que el rebaño sí tiene pastor: la muchedumbre se ha congregado en torno a él en todos los rincones que ha visitado. El cariño con el que se le ha recibido, el alcance de sus gestos y sus discursos, la variedad de personas e instituciones que han querido estar presentes: todo apunta a un rebaño que reconoce en el papa a su legítimo pastor.
Os presentamos el salmo 45. Precioso salmo nupcial. En esta reflexión sobre el Salmo 45 contemplamos la belleza, la majestad y el reinado del Rey que Dios ha establecido. También nos introducimos en la piel de la princesa, de cuyo amor el rey está prendido. Este salmo nos invita a exaltar al Señor con un corazón lleno de adoración y a reconocer su justicia, gracia y poder eterno.
Este domingo es una fecha importante en el calendario católico: la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo. En España, esta solemnidad coincide este año con la primera visita del papa León XIV a nuestro país. Esta coincidencia nos invita a reflexionar sobre el misterio de la Eucaristía en relación con el sucesor de Pedro, con los apóstoles y con toda la Iglesia.