MANUEL PÉREZ TENDERO

Permitidme que, en la reflexión de este domingo, os invite a no comprender.
En el evangelio que la liturgia nos propone, escucharemos el final del discurso apostólico en san Mateo. El texto tiene dos partes bien definidas: la segunda parte es más o menos sencilla y cuadra bien con el contexto del envío: el que recibe a los apóstoles, recibe a Jesús y, a su vez, quien recibe a Jesús, recibe a Dios, que lo envió; estamos muy cerca de la perspectiva de san Juan: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». También es fácil de comprender lo que sigue: el que os dé a beber, aunque sea solo un vaso de agua porque vais enviados por mí, porque sois discípulos, no perderá la recompensa.
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