
La semana pasada tuve el privilegio de pasar unos días con la comunidad de monjes de santo Domingo de Silos. Cerca de treinta varones, vestidos de negro, cantando melodías de hace mil años que siguen llegando al corazón.
Seguir leyendo
La semana pasada tuve el privilegio de pasar unos días con la comunidad de monjes de santo Domingo de Silos. Cerca de treinta varones, vestidos de negro, cantando melodías de hace mil años que siguen llegando al corazón.
Seguir leyendo