
Lengua de iniciado, oído espabilado, espalda apaleada, mejillas maltratadas, rostro ultrajado: todo el cuerpo del Siervo participa de una misión misteriosa de parte de Dios.
No sabemos muy bien a qué se refería el profeta Isaías cuando componía este tercer canto del Siervo de Yahvé, pero, desde la pasión de Jesús de Nazaret, hemos comprendido con nueva perspectiva las palabras misteriosas del profeta.
Seguir leyendo