MANUEL PÉREZ TENDERO

En la tierra manchega desde la que escribo llevaba mucho tiempo sin llover; por fin, hemos recibido el regalo de unos días cargados de agua venida del cielo. Coinciden estos días con la festividad de Pentecostés.
La lluvia es uno de los signos más hermosos de lo que significa el Espíritu de Dios para nuestra vida y nuestra fe.
Lo es, en primer lugar, porque llega como regalo del cielo que nosotros no podemos provocar: aprendemos a pedir con fe y a esperar con paciencia la llegada del don.
La fiesta judía de Pentecostés celebra el acontecimiento del Sinaí, en tiempos de Moisés: en la montaña sagrada, al hacer alianza con su pueblo elegido, Dios le regala al pueblo el más hermoso don, la Torah, la ley, las normas para poder acertar en los caminos de la vida.
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