
MANUEL PÉREZ TENDERO
María de Nazaret, desposada con José, es el gran signo de fecundidad en la historia. Siendo virgen, concibió y dio a luz al Hijo único de Dios, engendrando para el mundo la salvación definitiva.
Su virginidad, que parecía una dificultad para su misión, se convirtió en la única posibilidad para cumplirla, porque iba a ser obra absoluta del Espíritu.
Después de haber finalizado los cincuenta días de Pascua y antes de celebrar el domingo del Cuerpo y la Sangre de Cristo, la Iglesia nos propone este domingo el misterio más profundo del cristianismo: la Santísima Trinidad. Por ser el gran misterio que desborda al creyente por completo, la Iglesia quiere que nos fijemos en esta jornada en un grupo de cristianos muy peculiar, aquellos que se entregan a la vida contemplativa. Los monjes y las monjas de clausura son un signo vivo del misterio de Dios.
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