LA SABIDURÍA POR LAS CALLES

MANUEL PÉREZ TENDERO

Alfombras, toldos, balconeras, tomillo, pétalos: todo es poco cuando el mayor tesoro de los creyentes recorre nuestras calles. Cientos de años llevamos ya celebrando la festividad del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Ante todo, esta celebración significa un canto de alabanza pública al Dios que nos quiere salvar a todos. Alabanza y universalidad: dos claves fundamentales de esta fiesta. El tesoro eucarístico de la Iglesia no nos pertenece a los creyentes: nos habita en misión, para que llegue a otros, para que llegue a todos. La dimensión católica y pública de la fe es una de las características originales y perennes del cristianismo; como lo es, también, la alabanza a Dios como finalidad de todo lo que hacemos y vivimos.

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