BALANCE Y DISCERNIMIENTO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Está en san Mateo, aunque su estilo se acerca mucho al de san Juan: se trata de unas palabras de Jesús que hablan de la intimidad entre el Padre y el Hijo; solo por revelación podemos acceder al misterio más íntimo de Dios: el Padre nos revela al Hijo; el Hijo, al Padre. Se nos dice, también, que esta revelación solo es dada a los sencillos, no a los sabios y entendidos. La gracia resplandece, precisamente, en aquellos que menos merecen, en quienes no tienen méritos ni capacidad para conseguir por sus fuerzas lo que solo puede llegar como regalo.

Intimidad, revelación, sencillez y, por fin, llamada al acercamiento: Jesús, como la Sabiduría del Antiguo Testamento, llama a todos para que nos acerquemos a él, para encontrar nuestro descanso. Gracias a su sencillez de corazón, a su humildad, puede consolar a todos los agotados y vencidos.

Estas palabras, en el corazón del evangelio según san Mateo, son muy bellas en sí mismas y nos ayudan a comprender el misterio de Jesucristo y nos empujan a crecer en la fe; pero es importante comprenderlas también en su contexto narrativo y teológico, es importante interpretarlas desde el lugar que ocupan en el desarrollo de la trama del evangelio.

Después de haber enviado a sus Doce apóstoles –hemos estado leyendo este discurso durante tres domingos en nuestra liturgia–, llega el momento de hacer balance del ministerio de Jesús. Estamos en el capítulo once del evangelio.

El balance, visto desde el Antiguo Testamento y san Juan Bautista, el precursor, no puede ser más positivo: Jesús es el Mesías esperado, porque sus obras y palabras así lo acreditan. Los ciegos ven, los cojos andan, los pobres son evangelizados. Pero no todo es tan positivo. Después de responder a la pregunta de Juan Bautista, Jesús hace balance de la respuesta a su misión en Galilea; repasa las ciudades más importantes donde ha predicado: Cafarnaúm, Betsaida, Corozaím. Estas ciudades no han creído en Jesús; es más, toda su generación no ha sido capaz de convertirse y aceptar el Reino que el profeta de Galilea ha venido a anunciar e inaugurar. El balance parece ser más bien negativo: Jesús no ha tenido éxito entre los suyos.

También nosotros hacemos balances, es importante saber si estamos trabajando bien, si estamos consiguiendo los objetivos y las metas en nuestras tareas. A menudo, al menos en la evangelización, nuestros balances se parecen mucho al de Jesús: muchas ciudades se han cerrado a la fe, generaciones enteras –cómo no acordarse de los jóvenes– dan la espalda al Evangelio.

Es posible que haya muchas cosas que no hacemos bien: debemos revisar y cambiar muchas estrategias y medios; pero es importante también que revisemos nuestra tarea a la sombra del balance de Jesús: él lo hizo todo bien y no tuvo el éxito esperado. ¿Es esto posible también hoy?

Es más, Jesús se atreve a ir más allá: debajo del poco éxito del Reino no se pone en duda la capacidad de Jesús y sus medios, tampoco se queda la revisión en aceptar la libertad de los oyentes y comprobar su cerrazón; hay algo más: la búsqueda de la voluntad del Padre, el que envía a Jesús.

La causa profunda del ritmo lento con que avanza el Reino no está en Jesús y sus discípulos, tampoco se debe principalmente al endurecimiento de su generación: es voluntad de Dios, que quiere hacer resplandecer su gracia revelándose solo a los sencillos.

¿Entre quiénes tiene éxito hoy el cristianismo? Ciertamente, no entre la gente importante ni entre los poderosos. También san Pablo lo comprendió y lo vio realizado en su comunidad de Corinto: Dios elige lo que no cuenta para anular a lo que cuenta.

¿Por qué hemos olvidado esta perspectiva en la Iglesia de hoy? Es importante diferenciar entre balance y discernimiento: en el balance, solo cuenta nuestra perspectiva; en el discernimiento, se busca siempre la voluntad de Dios, que no siempre coincide con nuestras perspectivas y metas.

También nosotros debemos dar gracias a Dios, como Jesús, cuando solo unos pocos sencillos se abren al milagro de la fe. Quien discierne, agradece; quien solo hace balance, es posible que se quede en el desánimo.

Al final, después, del agradecimiento, llega la llamada de Jesús: Venid a mí los cansados y agobiados. ¿No se referirá, precisamente, a los cansados de bregar que no consiguen el éxito esperado? Quien discierne, después de dar gracias a Dios, se acerca a Jesús: él es la meta de nuestras tareas y el rostro final de nuestro discernimiento.

2 respuestas a “BALANCE Y DISCERNIMIENTO

  1. Avatar de Francisco Francisco 9 de julio de 2023 / 9:17 am

    Me ayudan mucho sus reflexiones. ¿Seria posible recibirlas el sabado?

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  2. Avatar de bpallasc bpallasc 11 de julio de 2023 / 4:07 pm

    Gracias por sus explicaciones tan llenas de amor por Cristo y por ayudarnos a desgranar las enseñanzas del Evangelio.
    Un saludo afectuoso

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