¿POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS?

MANUEL PÉREZ TENDERO

Me gustaría compartir en estas líneas una pequeña experiencia que me ha llegado de un amigo sacerdote.

Todo comenzó con un fallo en la programación de las campanas. Muy temprano, empezaron a tocar sin deber, sin llamar a nada. El sacerdote, al oír el repique, se acercó a la iglesia para poder parar aquella llamada sin objeto. De paso, pensó aprovechar el paseo para poder hacer la oración aquel día en la misma parroquia, que solía estar cerrada por las mañanas. De esta manera, abriendo las puertas, alguna persona podría sentirse invitada a entrar y rezar unos minutos. Por otro lado, el tiempo veraniego empezaba a dar un respiro y la mañana era suave y fresca: convenía abrir las puertas de par en par para que entrara el frescor de la mañana y relajara los calores que las paredes habían guardado después de tantos días de bochorno.

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