CORRECCIÓN FRATERNA

MANUEL PÉREZ TENDERO

«Es de sabios rectificar». Todos somos conscientes de las limitaciones del ser humano, aunque no siempre lo somos de nuestras propias limitaciones. Todos estamos llamados a mejorar como personas, nuestra vida está siempre en camino. La persona nace y se hace: somos proyecto, obra siempre inacabada, esfuerzo asumido libremente para ser cada día más nosotros mismos.

¿Cuáles son los medios que nos ayudan a poder mejorar como personas? En su discurso eclesiástico, Jesús nos recuerda uno de estos medios fundamentales: la corrección fraterna. Cuando un hermano peca, se le debe corregir en privado; si no hace caso, es conveniente llamar a una segunda persona que dé objetividad a la corrección; si, aún así, tampoco hace caso, el asunto debe pasar a la comunidad. ¿Si no hace caso tampoco a la comunidad? El hermano quedaría segregado de la comunión. Se trata, pues, de algo muy serio y con consecuencias muy concretas.

Cuando alguien hace algo mal, normalmente, nuestra tendencia es a hablar mal de él, pero no en su presencia. La corrección fraterna se debe distinguir, ante todo, de la crítica. La primera busca construir y supone la valentía y el aprecio por la persona; la crítica, en cambio, suele ser siempre destructiva, supone más bien un acto de cobardía y de falta de cariño hacia la persona criticada.

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