MANUEL PÉREZ TENDERO

La semana pasada hablábamos de la corrección fraterna. Esta semana, todavía dentro del discurso eclesial de Jesús, se nos propone el tema del perdón.
En principio, parecerían dos actitudes contrapuestas: ¿para qué corregir a quien, de todas formas, voy a perdonar? ¿No es mejor callarse siempre y dejar pasar la ofensa?
Como en tantos otros temas de la vida humana, cuando tocamos el misterio no podemos jugar con una lógica de la contraposición: hemos de pensar desde la complementariedad. Corregimos porque perdonamos, perdonamos y corregimos porque amamos.
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