CUATRO CORDEROS

MANUEL PÉREZ TENDERO

Presidía una de las habitaciones de la casa de mis abuelos y ahora preside mi propia habitación: un sencillo cuadro del Buen Pastor. Aún recuerdo el momento en el que ese cuadro pasó a mí de forma casual: fue una especie de llamada personal cuando se estaba repartiendo el mobiliario de la casa familiar.

El Pastor está sentado en medio del rebaño, atardece: es la hora de la brisa, la misma en la que el Creador se paseaba con Adán y Eva como un amigo para conversar a la caída de la tarde.

Las ovejas lo miran, algunas pacen con tranquilidad en el campo. Toda la escena transmite una atmósfera de serenidad. El Buen Pastor está sentado: tiene tiempo para estar con las ovejas. Sentada era la postura de María en Betania, como signo del discípulo que escucha, que presta atención a su Maestro; aquí, es el Maestro el que se sienta y tiene tiempo para prestar atención a su rebaño.

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