BAUTISMO Y VIDA

MANUEL PÉREZ TENDERO

El día más adecuado para bautizarse es la Vigilia Pascual, en la culminación de las celebraciones de la Semana Santa. Nuestro bautismo se vincula, ante todo, con el misterio pascual de Jesús, con su muerte, sepultura y resurrección.

El Bautismo de Jesús que celebramos hoy, en cambio, no está vinculado litúrgicamente con nuestro bautismo. Nacer de nuevo del agua y del Espíritu nos incorpora a Cristo resucitado, nos hace nacer a la vida eterna; es cierto que, desde esta vinculación con el Resucitado, entramos en comunión también con todos los misterios de su vida, desde la encarnación a la vida pública, pasando por su vida oculta y por su bautismo.

El Bautismo de Jesús hace referencia a las promesas de unción que las Escrituras reflejaban: Jesús es el Mesías prometido, ha sido ungido como Siervo de Dios y como Rey en el río Jordán. Su Bautismo significa también el comienzo de su vida pública, el paso de Nazaret al lago, de la vida oculta a la misión.

La presentación que san Marcos hace de este acontecimiento está lleno de referencias a la cruz, a la entrega de Jesús al final de su misión: la ruptura de los cielos, la presencia del amado que, como Isaac, está llamado a ser sacrificado, la referencia al Siervo de Isaías, que es también entregado a la muerte.

Podemos hacer, por tanto, un recorrido hacia atrás desde la resurrección de Jesús hasta el comienzo de su vida pública: Jesús fue bautizado, no solo para hacer milagros y predicar, sino para morir y resucitar.

Por todo ello, creo que es también pertinente una reflexión sobre nuestro propio bautismo cuando celebramos el domingo del Bautismo de Jesús. Creo interesante insistir, especialmente, en una dimensión muy general y sencilla: todo lo que Jesús vive y realiza en su vida pública, hasta llegar a entregar su vida, está anunciado e iniciado en el río Jordán, en la recepción del Espíritu y la escucha filial del Padre; el bautismo configuró la vida de Jesús por completo, la convirtió en misión de parte de Dios y en entrega para nuestra salvación.

¿Sucede así con nuestro bautismo? ¿Hasta qué punto configura el bautismo la vida de los bautizados? ¿No se celebra, a veces, como un hecho aislado, al inicio de la vida, que luego tiene muy poca influencia en nuestro estilo de vivir y de sufrir?

Creo que no es muy errado decir que la vida de la mayoría de los cristianos no se configura como misión, ni tiene el carácter de camino filial y espiritual. En el bautismo nacemos de nuevo como hijos de Dios, pero no sé si vivimos como hijos; en el bautismo somos ungidos por el mismo Espíritu de Dios, pero nuestra vida dista mucho de ser una vida espiritual y dócil a la voluntad de Dios.

Creo que es necesario recuperar una comprensión y vivencia fuerte del sacramento del bautismo, y no solamente en el caso de los niños; también conocemos a personas que se han bautizado siendo jóvenes, o ya adultos, para los que el sacramento no significa demasiado.

Es cierto que el bautismo no es el final de un camino, ni el premio a los creyentes más esforzados: es un comienzo lleno de gracia, es una puerta grande abierta para todos, pero que tenemos que tomarnos en serio. Hay que buscar caminos para que el bautismo configure la vida del creyente, como configuró la vida del Maestro, su misión y su entrega.

Nadie tiene la receta más adecuada para dar con la clave de nuestra pastoral, no existen recetas de ningún tipo; pero debemos discernir, es necesario pararse para pensar. Como nos pide el profeta Jeremías: deteneos y buscad la senda antigua, el camino que Dios os regaló desde siempre, caminad por ella y encontraréis el rumbo.

Una respuesta a “BAUTISMO Y VIDA

  1. Avatar de Manuel Manuel 7 de enero de 2024 / 12:13 pm

    Me ha gustado mucho su articulo Padre MPTendero…renuevo mi intención de ser fiel al Señor en recuerdo de mi bautismo…y recordar los dones recibidos para ser buen hijo de Dios….

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