LA LENGUA QUE NOS UNE

MANUEL PÉREZ TENDERO

Tengo entre mis manos una edición del Nuevo Testamento y el libro de los Salmos en lengua occitana, en aranés. Me lo regaló su autor cuando compartimos eucaristía y fe en los preciosos valles pirenaicos que se abren desde España hacia Francia.

La presentación de esta edición está firmada por el arzobispo de Urgell en el día de Pentecostés del año 2012. Esto es Pentecostés: la Palabra de Dios extendida en todas las lenguas del mundo.

Aquella mañana en Jerusalén, cincuenta días después de la Pascua, cuando la primavera empezaba a dar paso al verano, el fruto más claro de la efusión plena del Espíritu fue la capacidad de hablar en lenguas por parte de los apóstoles. ¿Qué significa este carisma del don de lenguas? Lo podemos interpretar, al menos, de tres maneras diferentes.

El sentido original parece ser el de provocar en el creyente unos sonidos inarticulados, con palabras que no se comprenden y que necesitan ser interpretadas. Este carisma era muy buscado por los primeros cristianos; conocemos el caso de Corinto, una comunidad rica en dones del Espíritu. San Pablo, ante estos deseos de frutos llamativos, invita a los creyentes de Corinto a un discernimiento de espíritus, buscando aquellos carismas que más construyen a la comunidad, aunque tengan menos brillo personal. En concreto, les invita a preferir el carisma de profecía sobre el don de lenguas; les invita, ante todo, a discernir los carismas desde la caridad, desde la construcción de la comunidad como familia creyente.

En el texto de Pentecostés, san Lucas nos ofrece otra perspectiva de este carisma: todos entienden a los apóstoles, cada uno en su propia lengua. Ya no son palabras esotéricas e incomprensibles, más bien sucede lo contrario: el don de lenguas está al servicio de la comprensión de todos.

Se puede entender este don, por tanto, como una capacidad de aquel que recibe el Espíritu para hacerse comprender por parte de todos. En el aspecto más trivial, podríamos hablar de la capacidad de hablar muchos idiomas por parte de los evangelizadores; desde un punto de vista más profundo, diríamos que el lenguaje del amor, el lenguaje del Espíritu, es universal y puede ser comprendido por todas las culturas.

En esta misma dirección, los antiguos escritores de la Iglesia nos hablan de una tercera perspectiva para comprender el don de lenguas. El apóstol habla en su propia lengua, pero el Evangelio se extiende por la fuerza del Espíritu, por la fuerza interna de la semilla de la Palabra, que crece por sí sola. El Evangelio se extiende por todas las culturas y cada uno empieza a expresar su fe en su propia lengua: se traducen las Escrituras, se reza en la lengua materna, se pronuncia el Evangelio eterno con nuevos matices, abriéndose paso por todos los rincones del mundo a través de las lenguas de los hombres.

De esta manera, quien habla todas las lenguas no es el apóstol, sino la Iglesia entera, como familia diversa y unida que tiene un solo Padre y comparte una única Palabra, expresada con los matices de las propias tradiciones.

Desde esta universalidad, comprendemos el fruto más importante del Espíritu: la unidad. En Babel, cuando todos se pusieron de acuerdo para llegar al cielo, para construir una ciudad grande y famosa, se produjo la división; ahora, en Pentecostés, cuando el hombre acepta la diversidad de los demás y se abre a la gracia que Jesús nos trae, se hace posible la verdadera comunión.

Desde Babel, todos los imperios han buscado la uniformidad; desde Pentecostés, el Espíritu ha empezado a realizar en la historia de la humanidad el milagro de la unidad.

La Iglesia nació católica de raíz, universal. La Biblia podrá ser leída de forma libre por aquel que lo desee, pero debe estar accesible en todos los idiomas. Las personas, en su libertad soberana, puede rechazar o aceptar el Evangelio, pero la Iglesia debe proclamarlo en todos los rincones.

Esto es Pentecostés: dignificar nuestras lenguas como portadoras del Espíritu y construir una familia en la que todos caben, bajo la mirada de la misericordia de Dios.

Una respuesta a “LA LENGUA QUE NOS UNE

  1. Avatar de MNLopez MNLopez 19 de mayo de 2024 / 11:46 am

    Inspirados por El Espiritu confesamos el mismo Credo en distintas lenguas…seguimos en camino para entender maravillas…gracias…

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