MANUEL PÉREZ TENDERO

«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí». Es la respuesta que Adán dio a Dios para justificar su pecado. Desde Adán hasta hoy, todos buscamos chivos expiatorios para no afrontar la propia culpa, siempre son los demás los responsables de todo lo malo que nos sucede. En muchos casos, buscamos a los culpables en las personas más cercanas: «la mujer que me diste como compañera», los hijos, los padres, el marido, los hermanos, los compañeros de trabajo…
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