EL PAN QUE BUSCAMOS

MANUEL PÉREZ TENDERO

La mayor parte de nuestros contemporáneos, al menos en apariencia, no buscan ya a Dios. ¿Cuáles son los objetivos de nuestra sociedad, cuáles son las metas que mueven nuestros esfuerzos? ¿Para qué trabajamos, en qué nos afanamos?

Más allá del objeto de nuestras búsquedas, también es importante preguntarnos por las motivaciones: ¿por qué busco relacionarme con esta persona o con aquella otra? ¿por qué me apunto a esta actividad y no a otra?

La pregunta sobre la motivación es también pertinente para aquellos que buscan a Dios. Nos lo indica Jesús en el evangelio que leemos esta semana en las iglesias: «Vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque os he dado de comer». ¿No está repleta de motivaciones humanas nuestra vida religiosa? ¿Por qué nos acercamos a la Iglesia y acudimos a rezar en ciertos momentos, qué buscamos?

También se podría hacer la pregunta en negativo: ¿qué no encuentran en la Iglesia los que no se acercan a Dios? Parece que Dios no tiene respuesta para las preguntas más importantes que hoy se hacen las personas. O, tal vez, lo que faltan son las preguntas, las preguntas profundas.

Esta reflexión también se podría aplicar a nuestras programaciones pastorales: ¿tenemos que ofrecer en la Iglesia aquello que buscan nuestros contemporáneos para que se acerquen? ¿Tiene que dar la Iglesia todo lo que pide el hombre moderno? ¿O podemos atrevernos a dialogar sobre las motivaciones profundas que nos mueven para ir más allá de los deseos inmediatos y masivos?

¿Qué mueve a los creyentes cuando se acercan a la Iglesia? ¿Qué mueve a los pastores cuando organizan actividades? La dicotomía que Jesús plantea sigue siendo válida: saciarse de pan o ver signos que nos abran a la fe.

No debemos ser puritanos en nuestras motivaciones y desechar todo aquello que no sea perfecto; pero sí deberíamos ser sinceros con nuestras razones y discernir qué es lo que Dios nos pide.

El precioso discurso del pan de vida, situado en el corazón del cuarto evangelio, comienza con un diálogo entre Jesús y aquellos que han comido su pan y, por eso, lo buscan. En este diálogo, Jesús no comienza dándoles nada, sino ayudándoles a entrar en el corazón para evangelizar sus motivaciones y sus búsquedas. Rezar no siempre es pedir cosas a Dios, sino dialogar con él para que su palabra transforme nuestras peticiones.

La humanidad, desde siempre, ha trabajado para conseguir alimento, para poder seguir viviendo hasta el momento en que nos llegue la muerte. Jesús invita a sus contemporáneos a otro tipo de trabajo que procura otro tipo de alimento: aquel que no perece, el alimento que, más allá de sostenernos en esta vida, nos procura la vida eterna. Trabajamos para alimentarnos y vivir; trabajad –dice Jesús– para alimentaros con un pan que os hace vivir la vida de Dios, con perspectivas que nos abocan más allá de la muerte.

¿En qué consiste este trabajo? Los judíos que hablan con Jesús quieren aprender de este Maestro que ofrece perspectivas nuevas. ¿Cuáles son las obras que Dios nos pide hacer para conseguir este pan y esta vida nueva?

Las obras que Dios quiere son la fe, contesta Jesús. De alguna manera, san Juan supera la dicotomía entre la fe y las obras que aparece en san Pablo y en la carta de Santiago: las obras son la fe, la fe es la gran obra que Dios nos pide, su voluntad sobre nosotros.

Y la fe consiste en acercarse a Jesús, en recibirlo como enviado definitivo de Dios; la fe es vincularse a este Maestro, a su pan y su palabra, para siempre.

Al final, volvemos al principio, pero con nuevas perspectivas: de lo que se trata es de buscar a Jesús y su pan; pero no porque satisfaga nuestros deseos mundanos y responda a nuestras búsquedas egoístas, sino porque nos lleva a Dios y nos da la vida eterna.

El pan es un signo, los milagros son un signo: nos han de llevar más allá, a la fe en la persona de Jesús, para acoger el amor infinito de Dios que alimenta nuestras vidas con una siembra de eternidad. 

3 respuestas a “EL PAN QUE BUSCAMOS

  1. Avatar de MNLopez MNLopez 5 de agosto de 2024 / 3:09 pm

    buscamos ese bien vivir que desde Dios promete su palabra…y nos motiva esa vida buena que desde la fe podemos conquistar…Jesús no defrauda a los suyos porque promete El Espiritu Santo a los fieles según sus obras…confío en ti…gracias Señor….

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  2. Avatar de Mario daniel Mario daniel 11 de agosto de 2024 / 3:24 am

    Hola padre, soy de Chile y lo sigo en «Cautivos por la palabra» en youtube, estoy cautivado por la palabra, y estoy leyendo la biblia, comence con el Evangelio de Lucas y voy en Hechos, tambien he visto videos, pero encontre su pagina en youtube, y es cautivadora, y aprendo de la biblia y de su ensenanza tambien. Gracias por ensenar la palabra de 🕊Dios🕊, saludos.

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  3. Avatar de Jesús M. Jesús M. 25 de agosto de 2024 / 3:46 am

    Saludos a todos los lectores.

    A mí esta entrada me parece especialmente interesante, y quisiera dar mi opinión en forma de respuesta a las cuestiones que nos plantea el padre D. Manuel.

    En primer lugar, creo que las metas que mueven nuestros esfuerzos y afanes, nuestros objetivos como sociedad, están enfocados a cubrir las necesidades más y menos básicas para alcanzar nuestro bienestar y el de nuestros seres queridos, y que nuestras relaciones o actividades dependen de cuánto puedan acercarnos a tales fines, es decir, que están motivadas por el interés en conseguir aquello que perseguimos.

    Para los que buscamos a Dios la respuesta no se me antoja tan evidente, porque entiendo que los motivos son más de carácter circunstancial e íntimamente personal, pero, en general, buscamos para pedir salud en la enfermedad, o perdón y misericordia en el arrepentimiento. Buscamos para pedir consuelo en la desesperación y en el sufrimiento. Buscamos la sabiduría cuando no entendemos, o la paz entre tanta tribulación. Buscamos para pedir fuerzas en la debilidad y protección en los peligros. Y también buscamos para dar gracias por todo lo dado, y para entregarnos a los brazos del amor divino. Buscamos… para encontrar (Mt 7, 7-8).

    Ahora entonces, en negativo parece más fácil. Quienes no se acercan a Dios (muchos, tristemente) sencillamente no encuentran en la Iglesia lo que no buscan: nada de lo anterior, porque lo que buscan es el bien material y el interés económico, el reconocimiento y el aplauso, la comodidad, las distracciones, los placeres inmediatos. Coincido plenamente en lo último: lo que faltan son las preguntas adecuadas. Lo que falta es una reflexión sana y profunda que lleve a las personas a buscar lo que de verdad importa.

    La siguiente reflexión que nos propone, más que fácil, me parece obvia. En mi opinión la Iglesia EN NINGÚN CASO debe ofrecer al hombre contemporáneo TODO lo que pide a fin de que se acerque, ya que esto sería un ejercicio maquiavélico que no se correspondería en absoluto con el mensaje de Jesús. La iglesia tiene el deber de mantenerse firme y fiel en todo momento y circunstancia a los principios que el Hijo de Dios nos enseñó. Y sí, por supuesto que la Iglesia debe dialogar sobre las motivaciones profundas que nos mueven para ir más allá de lo material y lo inmediato.

    «De lo que se trata es de buscar a Jesús y su pan, porque nos lleva a Dios y nos da la vida eterna».

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