MANUEL PÉREZ TENDERO

Dos pequeños pueblos de nuestra provincia viven sus fiestas particulares este fin de semana: El Torno y Ballesteros de Calatrava, tierras de montes y volcanes. Dos jóvenes de estos pueblos fueron ordenados ayer presbíteros en la catedral de Ciudad Real y hoy, domingo, «cantan misa» en sus respectivas comunidades. Además de cosecha de uvas, también la Mancha da cosecha de vocaciones en tiempos de vendimia.
Ayer celebrábamos, precisamente, el comienzo del año agrícola, lo que conocemos litúrgicamente como «Témporas de acción de gracias y de petición». Me gustaría invitar a todos a leer la ordenación de estos jóvenes desde la perspectiva de esta fiesta.
Tres son las dimensiones que el hombre de Dios vive con respecto a la tierra y al trabajo: la acción de gracias, la petición de perdón y la súplica por las propias necesidades. En esto consiste la religión y la oración: dar gracias a Dios, pedirle perdón y suplicar su ayuda. Todo ello, en medio de nuestros trabajos, en las dificultades y retos de la historia.
El orden de esta triple relación es importante: lo primero de todo, la acción de gracias. Es mucha la gracia que el Señor nos concede cada día en nuestra vida; no reconocerlo sería una falta de confianza en él y en su providencia. A menudo, también dentro de la Iglesia, se oyen más las quejas que la acción de gracias.
En el caso de nuestros dos jóvenes, Pedro y Gabriel, esta ha de ser también la primera actitud: no quejarnos por los que no están, sino agradecer el milagro de fe y perseverancia de los que están. Lo mismo puede sucedernos cada domingo en nuestras comunidades cuando celebramos la Eucaristía: pensamos, con tristeza, en los que no están, sin agradecer a Dios, con confianza, la presencia de aquellos que nos han sido dados.
En el comienzo del año agrícola, es fundamental contar con una semilla, aunque sea pequeña: sin ella, no podremos sembrar. Tenemos semillas, también en la Iglesia, también en las vocaciones: hemos de aprender a agradecerlas para sembrarlas en este mundo que, como siempre, tiene mucho de tierra dura y pedregosa.
Después del agradecimiento, nos dice esta memoria de fe y trabajo, es necesario pedir perdón. En nuestros trabajos del año que finaliza, a pesar de toda la gracia de Dios que se nos ha derramado, ha habido cosas que no hemos hecho bien. Debemos reconocer nuestros errores para mejorar, para secundar más intensamente la gracia de Dios.
También aquí podemos equivocarnos y buscar, sí, los errores, pero en los demás. El que no es agradecido tampoco suele ser humilde: siempre son los otros los que tienen la culpa de la falta de frutos; puede ser la sociedad, el demonio, los demás miembros de la Iglesia: el quejicoso nunca se fijará en sí mismo con humildad para ver qué puede hacer él y en qué debe convertirse.
Si leemos a los profetas del Antiguo Testamento, veremos numerosos textos en los que recuerdan al pueblo su pecado. Los sufrimientos de la historia no son debidos, ante todo, a las circunstancias de los tiempos; la culpa de los desastres del pueblo no la tienen Nabucodonosor o los reyes asirios, sino el pueblo mismo y sus dirigentes. Por eso, la conversión propia es el requisito fundamental para cambiar las cosas.
En tercer lugar, el hombre aprende a suplicar a Dios su ayuda para las nuevas tareas. La oración no se puede reducir a petición, pero la petición es un ingrediente fundamental de la oración y de la fe. Necesitamos a Dios, confiamos en Dios: por eso le pedimos su ayuda y su presencia para todas nuestras tareas, que se esfuerzan en ser cumplimiento de su propia voluntad.
En este día de comienzos del nuevo curso, damos profundas gracias a Dios por Gabriel y por Pedro, por ese milagro que el Dios que nunca nos abandona ha realizado en nuestra tierra, entre los pequeños. Junto a la acción de gracias por ellos, revisamos nuestros propios trabajos y esfuerzos, nuestra propia vocación, nuestra pasión por vivir el cristianismo. Y, además, seguimos suplicando: confiamos en que su gracia nunca nos va a faltar.
Es tiempo de siembra y es tiempo de lluvia, es tiempo también de recogida de frutos. Bendito sea Dios por todo ello.
…y Dios que comenzó en ti su obra buena la lleve a feliz termino…con esta intención felicito a los nuevos miembros consagrados que nos ayudan a cumplir la voluntad del Señor consumada en Jesus…para enriquecer nuestras comunidades con la fe y El Espiritu Santo que recibimos por vuestras manos consagradas…recuerdos…gracias…
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Dios bendiga a los nuevos sacerdotes, y siempre bajo la manto Inmaculado de nuestra Madre Santísima……A sus Ángeles Dios a dado ordenes para que te guarden en todos tus camino……..Gracias Padre Manuel desde Guayaquil-Ecuador…..muchas bendiciones….gracias por la nueva conferencia de los Hebreos.
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Buenos días Enhorabuena, que el Señor les proteja y les guarde y el Espíritu Santo los llene de luz para iluminar su camino
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