MANUEL PÉREZ TENDERO

Las lecturas de este domingo vuelven a presentarnos el ejemplo de la viuda pobre que echó unas monedillas en el templo: precioso y entrañable texto en el que Jesús nos enseña muchas cosas. Ya hemos hablado en alguna ocasión de ese gesto en estas páginas; por eso, os invito a considerar el caso de otra viuda, la mujer de Sarepta, que está relacionada con el profeta Elías.
Las viudas, junto con los huérfanos y los emigrantes, son, en el Antiguo Testamento, las tres categorías típicas de personas necesitadas. Las leyes de Moisés los protegen y los profetas insisten en llamar a todo el pueblo a la solidaridad con ellos: ahí se sitúa la verdadera religiosidad. Esta perspectiva llega hasta el Nuevo Testamento: la carta de Santiago sería el ejemplo más claro de esa moral que tiene en cuenta a los más necesitados.
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