DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN

MANUEL PÉREZ TENDERO

Desde mis tiempos de seminarista, cuando estudiábamos las asignaturas de Sagrada Escritura, recuerdo que había un Salmo que me llamaba especialmente la atención: el Salmo 92 (91); es el Salmo con el que rezamos en la liturgia de este domingo. Elegí este texto cuando el profesor nos propuso hacer un trabajo sobre un Salmo bíblico.

Me llamaba especialmente la atención la última estrofa: «En la vejez, seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso para proclamar que el Señor es justo». Cada vez que rezaba estas palabras tenía en la mente a los ancianos que conocía, muy especialmente a mi abuela paterna. Alguna vez hablé con ella de este Salmo: cuando parece que se desvanecen las tareas en la vida, aún nos queda la principal, alabar a Dios.

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