MANUEL PÉREZ TENDERO

De corazón italiano y de cabeza española: san Francisco y san Ignacio son, probablemente, los dos santos que más han configurado la vida y la misión del papa Francisco.
Al final de su vida, la Iglesia, por encima de todo, agradece a Dios el cuidado que nos ofrece. Él es garante de que este rebaño, tantas veces disperso y pecador, no quede «como ovejas sin pastor». La figura del vicario de Cristo es una de las claves de la providencia de Dios sobre su pueblo. Parafraseando a santa Teresa de Jesús, podríamos decir que, en los «tiempos recios» que nos ha tocado vivir, el Señor nos ha concedido «amigos fuertes de Dios».
Seguir leyendo

