ESCRIBÍA EN EL BARRO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Una mujer adúltera es presentada ante Jesús por los escribas y fariseos en Jerusalén: «La ley de Moisés nos manda apedrearla; tú, ¿qué dices?».

El pecado del hombre es utilizado como una espada para intentar herir a Dios; el mal que el hombre engendra en la tierra se convierte en una pregunta desafiante elevada contra el cielo. El hombre se atreve a poner a prueba a Dios utilizando incluso su misma ley.

¿No debería ser al revés? ¿No debería Dios pedir cuentas al hombre por sus pecados? En cambio –trágica paradoja–, es el hombre el que se atreve a pedir cuentas a Dios por el pecado de los demás. ¿No ha sido esta la historia de la humanidad? ¿Cuándo ha dejado el hombre de exigir respuestas a Dios por sus propias contradicciones?

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