MANUEL PÉREZ TENDERO

En la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la muchedumbre de los discípulos cantaba y alababa a Dios a gritos por todos los milagros que este Mesías había realizado camino de Jerusalén. Ante tanto griterío, algunos fariseos de entre la gente le dijeron a Jesús que los mandara callar. Jesús, en cambio, les respondió que, si callaran los discípulos, las piedras mismas se pondrían a cantar.
La Pasión de Jesús se abre entre gritos de alabanza por parte de la multitud; así también terminará: con gritos de la multitud, pero no para alabar a Dios, sino para pedir la condena de Jesús. La multitud sigue gritando: tal vez no sepa hacer otra cosa. Pero los discípulos sí cambiarán su actitud: al entrar en Jerusalén, gritan con Jesús, durante las últimas horas, cuando el Maestro es juzgado y muere, los discípulos callan y se alejan.
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