ASCENSIÓN

MANUEL PÉREZ TENDERO

Al comenzar su segundo libro, san Lucas relata la ascensión de Jesús a los cielos, el mismo relato con el que finalizó su evangelio: se subraya, así, la conexión entre la misión de Jesús y la de su Iglesia.

El momento de la ascensión cierra un periodo de cuarenta días que, según el texto del libro de los Hechos de los Apóstoles, tiene, al menos, cuatro dimensiones.

Durante estos días, suceden las apariciones del Resucitado: es tiempo propicio para hacer experiencia de Jesús vivo. Su victoria es real y nuestra fe y nuestra misión se fundamentan en esa victoria más allá de la muerte.

También nosotros estamos celebrando en estos días el tiempo pascual: ¿habrá servido para hacer experiencia de Jesús real, de Jesús vivo? Sin esa experiencia, nuestro cristianismo pierde su contenido, su motivación y su belleza.

En segundo lugar, san Lucas nos dice que Jesús dedicó este tiempo a hablarles del Reino de Dios; es el mismo tema que ha marcado toda su vida pública. Parece que los discípulos necesitan aprender más, no acaban de comprender todo el mensaje de Jesús. También para nosotros la formación continúa a los pies del Resucitado: no es suficiente con lo que ya sabemos, con lo que aprendimos un día; Jesús sigue siendo nuestro Maestro cotidiano, la muerte no es el final de su magisterio: al contrario, ahora aprendemos más que nunca de sus labios, su palabra sigue viva entre nosotros.

¿No consiste en esto ser cristianos? Seguimos acompañando a Jesús para que nos enseñe las claves del Reino. La experiencia de Jesús resucitado tiene un contenido: el Reino, los planes de Dios, su providencia en nuestra historia.

En tercer lugar, cuando Jesús asciende a los cielos tiene unas últimas palabras para sus discípulos que tienen que ver con la espera; cuando todo parece definitivo, se les ordena tener paciencia.

Deben esperar, en primer lugar, al Espíritu de Dios. Ya han sido enviados a la misión, pero no pueden comenzarla todavía. Normalmente, nuestra euforia nos hace querer comenzar las cosas de forma rápida y precipitada, la misma rapidez con que abandonamos las tareas cuando las cosas no van bien.

No es suficiente con sabernos enviados, con querer ser apóstoles, con tener ímpetu misionero: necesitamos esperar al Espíritu. Ambas cosas: Espíritu y espera; necesitamos al Espíritu, pero sin dar por supuesto que está siempre que se nos ocurren iniciativas. La presencia del Espíritu ha de ser preparada, esperada; para que la gracia pueda actuar necesita apertura por nuestra parte: silencio, sosiego, espera, docilidad.

Las prisas del mundo se introducen dentro de la Iglesia y sus actividades, contagian también nuestro afán misionero que, a menudo, tiene poco de espiritual.

En cuarto lugar, el tiempo que culmina en la Ascensión sirve también para que Jesús les pida a los discípulos una segunda espera: paciencia ante lo definitivo.

Ellos, como todo Israel entonces y como nosotros ahora, están deseando que llegue la meta, que todo acabe, que el mundo llegue a su plenitud y podamos descansar. Si las cosas van mal, ese deseo se multiplica y nos parece ver signos del final de los tiempos por todas partes.

Queremos formar parte de los días finales, queremos estar ahí, ser testigos de la salvación última. Pero Jesús manda a los discípulos esperar: no les toca a ellos conocer los tiempos de Dios; lo que les toca es recibir el Espíritu para ser testigos de la victoria de Jesús en todos los rincones de la historia.

Los deseos de lo definitivo son transformados en envío presente para llenar el mundo de nuestra experiencia de Jesús. No somos corredores que han llegado a la meta, sino testigos del Señor que nos envía a seguir recorriendo la historia.

Lo definitivo es Jesús y los tiempos son de Dios.

Una respuesta a “ASCENSIÓN

  1. Avatar de Manuel Manuel 1 de junio de 2025 / 11:11 am

    de Jesús a los cielos…y a la derecha del Padre nos convoca para iniciar una vida nueva en comunión con los Santos que nos preceden en el testimonio de la fe para no perder la esperanza de formar un mundo mejor…El Señor me acompaña…gracias Dios.

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