MANUEL PÉREZ TENDERO

La fiesta de los apóstoles san Pedro y san Pablo nos recuerda el origen del ministerio del papa en el corazón de la Iglesia.
Llama la atención que la Iglesia los celebre juntos, como compañeros de camino y de misión. De hecho, ellos mismos aparecen casi siempre acompañados de otros personajes en la Biblia.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles, en los comienzos de la Iglesia, Pedro aparece acompañado por Juan; esa misma relación es también subrayada por el cuarto evangelista, sobre todo en los textos de la pasión y la resurrección.
Por otro lado, también en el libro de los Hechos, san Pablo aparece ligado a otro personaje: Bernabé. Él fue quien lo presentó a los apóstoles, quien lo llamó para evangelizar la comunidad de Antioquía y quien compartió con san Pablo el primer viaje misionero por el imperio romano.
Quizá sea esta una de las características del cristianismo y del ministerio apostólico; recordemos que, en la vida pública, Jesús los envió de dos en dos. No es nada fácil compartir misión: lo experimentamos en la tarea apostólica y también en los matrimonios y en todas las demás tareas en que nos toca colaborar con los demás.
Los mismos apóstoles Pedro y Pablo tuvieron que superar situaciones difíciles, sobre todo en la cuestión de las comidas con paganos en la Iglesia de Antioquía.
El cristianismo confiesa el misterio de Dios, que es tres personas en un único Dios: también quiere ser testigo de la unidad en la diversidad, de la vida y la misión compartidas.
San Pedro y san Pablo también comparten otras dimensiones de la fe. San Mateo nos dice que Simón conoció el misterio de Cristo por «revelación» del Padre. San Pablo, en la carta a los Gálatas, nos dice que Dios «reveló» a su Hijo en él. Desde tradiciones muy diferentes, sabemos que ambos conocen el misterio de Jesús por revelación. Por otro lado, ese conocimiento significó en los dos el comienzo de su misión específica: Simón es nombrado Piedra de la Iglesia y Pablo es constituido Apóstol de los gentiles.
¿Se puede conocer a Jesús de otra manera? La fe es una gracia, a Jesús solo lo puede conocer «aquel a quien el Padre se lo quiera revelar». ¿No estamos viviendo una versión mediocre y burguesa de la fe? ¿No dicen tener fe muchos que desconocen a Jesucristo y no tienen ningún contacto con el Padre? San Pedro y san Pablo nos marcan el camino: estar abiertos a la gracia y saber agradecer el regalo que Dios nos hace al acercarnos a su Hijo. En la Última Cena, Jesús mismo dijo que la vida eterna consiste en conocer a Dios y a su Hijo enviado.
Este conocimiento, agradecido y profundizado, se convertirá en raíz de nuestra propia misión específica: necesitamos cristianos y apóstoles que sigan siendo Piedra y Apóstoles de los alejados. Creyentes profundos y misioneros intrépidos: fe y pasión evangelizadora, raíz y fruto, seguridad y disponibilidad.
Un paralelo más entre los dos apóstoles: san Lucas nos dice que ambos tuvieron que sufrir una conversión, en Joppe san Pedro y camino de Damasco san Pablo. Ambos cuentan, más tarde, su propia conversión a los demás: son conscientes de lo que Jesús va obrando en ellos para convertirlos, no en transmisores de sus propias convicciones, sino en testigos del amor de Dios revelado en Jesús.
San Pedro tiene que convertirse en su idea de la religión y sus límites, debe comer lo que la Ley prohíbe comer, porque Dios declara puros todos los alimentos. Esta apertura en las costumbres de la fe simboliza la apertura en la misión a los paganos: todos los hombres son dignos destinatarios del Evangelio, a todos debe llegar la palabra de Jesús.
Saulo de Tarso, el fariseo, también tiene que cambiar su forma de comprender la religión de los padres: el encuentro con Jesús transforma por completo su idea de la salvación y la justificación, su relación con la Ley y con las tradiciones. Solo Cristo es el camino de la salvación, él es el centro de nuestra religiosidad: ha resucitado y en él converge toda la historia de la humanidad, conducida por Dios hacia la salvación.
San Pedro y san Pablo, cimientos y ejemplos de nuestra fe y nuestra misión: que su intercesión haga fecunda a la Iglesia de nuestros tiempos.
El Señor con esta palabra me muestra una vez más que la fe tiene esa dimensión comunitaria. Pedro y Pablo unidos desarrollan su labor apostólica.Los dos son instrumentos elegidos por Dios con sus dones y debilidades. Y es que somos seres en comunión, solos no podemos, pero si compartimos con los demás y trabajamos en equipo nuestra labor da más fruto y queda enriquecida. Cómo nos cuesta este aspecto en nuestras comunidades eclesiales! A menudo, preferimos el individualismo y sentirnos protagonistas. Ojalá la gracia de Dios nos cambie el corazón.
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…Hijos de Jacob que custodian la fe de Israel en una Alianza Nueva. Vivir este testimonio nos inserta en el Nuevo Pueblo de Dios. Gracias Señor por mi comunidad neocatecumenal…juntos seguimos a Jesús.
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