UN FUEGO QUE DIVIDE

MANUEL PÉREZ TENDERO

Creo que no va a ser fácil predicar este domingo: la lectura del evangelio que se nos propone en la liturgia es de esos textos de la Biblia que nos desbordan. ¿Ha venido Jesús a prender un fuego en la tierra, ha venido a sembrar división y no paz? ¿Cómo entender estas palabras en su momento y cómo interpretarlas para que iluminen nuestro camino actual?

Como en toda buena interpretación, es fundamental tener en cuenta el contexto, la perspectiva de conjunto. En el Nuevo Testamento, queda claro que «Jesús es nuestra paz», él ha venido a unir lo que estaba disperso, ha venido a reconciliar los corazones y a inaugurar el Reino de la justicia de Dios. Él ha afirmado como nadie la necesidad del perdón y la práctica de la misericordia como el principio fundamental con el que Dios nos trata y con el que nosotros debemos tratar a los demás. Él nos ha invitado a acercarnos a él para que encontremos nuestro descanso, porque es «manso y humilde de corazón».

Más allá de sus palabras, él ha sabido acercarse a los más alejados y ha compartido mesa con los que eran despreciados. Él ha sido pastor bueno que ha tratado con ternura a todas sus ovejas. En el momento cumbre de su vida, colgando de un madero, ha suplicado el perdón para sus verdugos. El mandamiento principal que ha dejado a los suyos ha sido el del amor fraterno, para superar toda división y construir la familia universal de los hijos de Dios.

¿Cómo comprender sus palabras sobre el fuego y la división?

Algunos expertos en la Biblia, en estos casos, buscan la solución de explicar el texto como «glosa»: los versículos que parecen no concordar con el conjunto se consideran añadidos posteriores, que no pertenecerían a las palabras de Jesús. Pero parece que debemos buscar la explicación en un nivel más profundo.

Estas palabras difíciles de Jesús, por otra parte, están en consonancia con muchos textos de los antiguos profetas. Los falsos profetas decían siempre palabras amables, aquello que el pueblo y los dirigentes querían oír. Los profetas verdaderos, en cambio, decían la verdad de parte de Dios, que era muchas veces denuncia hacia el pueblo, los reyes y los sacerdotes. Debido a esta libertad del profeta, a su fidelidad a Dios, fueron perseguidos en muchas ocasiones. La primera lectura de este domingo nos ofrece el caso significativo del profeta Jeremías.

¿No fue Jesús un profeta, el definitivo? ¿No ha venido a llamarnos a la conversión, a denunciar nuestro pecado para sanarlo? Siempre ha sido una tentación reducir de forma moralista el mensaje de Jesús y su persona: él habría venido, sin más, a decirnos que seamos buenos y no hagamos mal a nadie.

Leyendo el evangelio, es evidente que Jesús no se deja reducir a nuestras ideas preconcebidas sobre la religión y la sociedad. Él sigue siendo profeta que nos interroga a todos: oyentes y predicadores, pueblo y dirigentes. La misma dificultad que experimenta el predicador a la hora de explicar estos textos es un signo de que también él está llamado a dejarse interpelar por la Palabra.

A veces, podemos tener la tentación de querer explicar los textos para quedarnos tranquilos, para que siga todo igual, para que las ideas del Evangelio coincidan con nuestras ideas y con nuestra forma de vivir; pero Jesús no permite que domestiquemos su mensaje y su persona. Los textos, en muchas ocasiones, más que ser explicados, han de ser escuchados en toda su sencillez y verdad, para que nos despierten, para que nos interroguen, para que sepamos dar pasos más allá de lo que ya controlamos.

También es una forma de domesticar el texto la interpretación fundamentalista, que no tiene en cuenta el resto del Evangelio, pensando que Dios quiere, realmente, la división y la destrucción de todo.

No pretendemos explicarlo todo, sino dejarnos interrogar por Jesús de Nazaret, profeta definitivo de la historia y Maestro cotidiano de nuestras vidas.

Una respuesta a “UN FUEGO QUE DIVIDE

  1. Avatar de Manuel Manuel 17 de agosto de 2025 / 3:38 pm

    versus un amor que une y vivifica una experiencia de desamor y pruebas para afianzar nuestra fe en Dios …gracias Jesús eres El Señor de mi vida y tu palabra me cautiva para alcanzar tu corona de gloria.

    Me gusta

Deja un comentario