EL FARISEO Y EL PUBLICANO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Los publicanos del tiempo de Jesús rezaban más bien poco. Lo que sí hacían era quedarse con el dinero de la gente y servir a los romanos en su opresión fiscal sobre el pueblo judío.

Los fariseos, en cambio, eran personas laicas que se tomaban muy en serio lo de ser miembros del pueblo elegido, que debía ser santo porque su Dios era santo. De hecho, en general, los fariseos eran más sinceramente religiosos que los sacerdotes saduceos. Además, su interpretación de la ley de Moisés, dentro del judaísmo de aquel tiempo, era la más humana y abierta, aunque había diversas escuelas con matices diversos.

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LA ORACIÓN

MANUEL PÉREZ TENDERO

Las lecturas de este domingo nos hablan claramente de la oración. Desde las tres lecturas que se nos proponen, nos atrevemos a formular una triple consideración sobre la importancia de la oración para los creyentes.

Por un lado, en el Evangelio, Jesús insiste en la necesidad de la perseverancia en la oración. No es suficiente con rezar en momentos de euforia, o de sufrimiento, sino en todo momento, siempre, sin desfallecer. Si la fidelidad es la clave del amor, la constancia es la clave de la oración que, en el fondo, es un misterio de amor.

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EL PILAR Y LA HISPANIDAD

MANUEL PÉREZ TENDERO

Según la teología de muchos autores, dos son las dimensiones fundamentales del cristianismo: la apostolicidad y el discipulado, simbolizadas en Pedro de Betsaida y María de Nazaret. Todas las Iglesias primitivas pretendían cimentar sus orígenes en esta doble dimensión.
Este es el significado, creo yo, de la festividad de la Virgen del Pilar. Con esta advocación, María es considerada patrona de muchas instituciones españolas y, también, Madre de la Hispanidad, en relación con el mutuo descubrimiento del Viejo y el Nuevo Mundo con las naves de Cristóbal Colón.

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SI TUVIERAIS FE

MANUEL PÉREZ TENDERO

Subiendo hacia Jerusalén con sus discípulos, Jesús va creando la nueva comunidad del Reino, una familia de discípulos en torno a su persona, que viven la pertenencia a Dios de forma definitiva. Ser hijos del Padre de Jesús, ser discípulos del Hijo de Dios, es algo que debemos aprender en su compañía, detrás de sus huellas, siguiendo su camino.

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