MANUEL PÉREZ TENDERO

El tiempo de Adviento comienza con mucho movimiento. La lectura del profeta Isaías y el Salmo responsorial nos hablan de una peregrinación hacia Jerusalén, el monte santo de Dios, el lugar del templo. La peregrinación anual de los israelitas se convertirá, al final de los tiempos, en una peregrinación de todos los pueblos. En aquel momento final, más que el culto, el profeta privilegia la Palabra de Dios y la Ley: Jerusalén se convierte en escuela de paz para todos los hombres.
El Salmo también finalizaba con un deseo de paz, para Jerusalén. Al final de los días, la paz se extiende a todos los pueblos, con signos materiales de conversión: las espadas se convierten en arados, las lanzas, en podaderas; el homo faber ya no busca, sobre todo, instrumentos de dominio, sino utensilios de labranza para cumplir su misión originaria desde los tiempos de Adán: trabajar la tierra para cuidar el paraíso que Dios plantó para él.
Para volver a encontrar el paraíso debemos pasar por Jerusalén; para que el hombre recupere su más profunda humanidad tiene que hacerse discípulo del Dios de Israel. La elección de un pueblo y una tierra, la construcción de un templo único en una ciudad elegida es la preparación para el misterio de la encarnación.
Jesús no nació en Jerusalén ni vivió allí la mayor parte de sus años, pero allí finalizó su camino y, entregado en la cruz, se convierte en Maestro definitivo para todos los pueblos. Levantado a las afueras de Jerusalén atraerá hacia sí a todos los pueblos. Él es nuestra paz, él ha destruido con su muerte el muro que nos separaba. Las lanzas y las espadas se han levantado contra él para ser vencidas para siempre; resucitado, él será el hortelano que nos invita a acompañarlo para labrar con instrumentos renovados esta tierra, que florecerá de forma nueva según los planes de Dios.
La esperanza no es espera pasiva, sino peregrinación, salida de uno mismo para buscar al Dios de Israel, al Padre de Jesús. La rutina y el cansancio nos paralizan, también la acumulación de riquezas y el agobio de la vida; pero la esperanza nos motiva, nos pone en movimiento, hace brotar desde muy hondo las ganas de vivir y de trabajar, las ganas de aprender y de avanzar.
En el evangelio de este domingo hallamos otro movimiento: el Señor viene a nuestro encuentro. Jesús no fue solo peregrino entre nosotros como Maestro en su vida pública: ahora, en el tiempo de su resurrección, es también peregrino de nuestra historia que nos sale al encuentro.
Jesús no espera, estático, en el templo de Jerusalén o en la eternidad del cielo. El tiempo histórico es precisamente ese movimiento en el que la eternidad está penetrando nuestros días: Jesús viene, por eso hay historia y es posible la esperanza.
Cuando se ama, se busca a la persona amada, recorriendo montes y ciudades, afrontando dificultades y riesgos, como la esposa en el Cantar de los Cantares. Por eso, porque nos ama, el Esposo vino a mostrarnos su rostro y, ahora, sigue viniendo para que podamos mirarle a los ojos.
De la misma manera, también nosotros vamos aprendiendo a amar: hemos atisbado su bello rostro y nos hemos puesto en camino hacia la nueva Jerusalén, para escuchar la Palabra del Maestro y obedecer su Ley, para dejar atrás la violencia y pertrecharnos para una misión de agricultores de una tierra nueva que está alumbrando: sembradores de Evangelio y recolectores de tanta gracia como él ha dejado sembrada entre nosotros.
Nosotros caminamos hacia él y él camina hacia nosotros: peregrinos del amor unos y otros. El tiempo pasa y las distancias se acortan; su Palabra se oye cada vez más nítida y su rostro se atisba cada vez más claro. Estamos muy cerca: esto es el Adviento, de aquí brota la esperanza.
…caminamos hacia ti…Señor de nuestra historia y contador de nuestros días para descubrir un presente nuevo que aliente un encuentro definitivo con el Dios que nos ama…te esperamos…gracias Jesús.
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Hola Manuel,
Hace unos 15 dias que conoci tus comentarios en youtube y me han clarificado mucho las lecturas poniéndome mas cerca del tiempo, el lugar y la cultura del pueblo de Israel y me preguntaba si propones algún itinerario para seguir los diferentes comentarios. En la actualidad digo los Salmos y el Adviento.
Muchas gracias por tu labor.
Juan Manuel Loidi
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