MANUEL PÉREZ TENDERO

El evangelio de la infancia según san Mateo tiene como protagonista activo en la trama a san José. Se trata de un relato muy bien estructurado, con escenas compuestas de forma paralela, siempre relacionadas con algún texto de las Escrituras.
Las tres últimas escenas nos cuentan la huida a Egipto, la matanza de los inocentes por parte de Herodes y el regreso de Egipto, camino de Nazaret.
Este domingo, al celebrarse la fiesta de la Sagrada Familia, se nos proponen la primera y la tercera de estas escenas: la huida a Egipto y el regreso. La escena central, la matanza de los inocentes, se lee en la festividad de los Santos Inocentes, que este año no celebramos por prevalecer el domingo de la Sagrada Familia.
Al proponernos estas escenas, la liturgia nos invita a fijarnos en una dimensión de la familia, muy especialmente desde la figura de José, el padre: la familia salvaguarda la vida del hijo, custodia la fragilidad del menor.
Esta ha sido una de las notas esenciales de la familia humana: recibir en el mundo y ayudar en su desvalimiento a los recién nacidos de la raza humana que, siendo la que domina el mundo, es la más frágil en sus criaturas más pequeñas. En esto, la evolución no sigue las reglas que podríamos pensar: no somos la especie mejor preparada para sobrevivir cuando venimos al mundo; al contrario: somos la especie que más necesita de los demás, porque nuestra evolución fundamental tiene que ver con el amor y la vinculación personal.
La ley del más fuerte, que funciona en la selva y, a menudo, también en algunas sociedades humanas, no prima en el ámbito familiar: ahí, los más necesitados son los más cuidados, los más estimados. Cuando esto no funciona así, es porque el hombre se deshumaniza y construye relaciones que se parecen más a la esfera animal.
Creo que, por esto mismo, una sociedad puede considerarse más avanzada, no desde el criterio único de los avances tecnológicos, sino porque cuida a los seres más vulnerables dentro de ella. A menudo, en cambio, el avance tecnológico supone un olvido de humanidad y una lucha entre unos y otros, dejando en la cuneta a los perdedores.
Esta verdad humana de la familia que cuida del débil ha sido asumida por el Hijo de Dios en la dinámica de la encarnación: él se ha hecho débil, vulnerable, criatura pequeña, dependiente, sujeto a la ira de Herodes. Dios necesita a la familia humana para sobrevivir, para crecer, para poder salvarnos. Dios ha venido a rescatarnos dejándose cuidar por nosotros, recibiendo nuestra ayuda y nuestra ternura.
En lo más débil habita nuestro futuro, en la relación con ello crecemos como personas: por eso, Dios se ha hecho Niño y ha puesto el futuro de su Hijo en nuestras manos. La victoria sobre el mal llegará a su plenitud en el misterio pascual del Crucificado que vence a la muerte, pero ha comenzado ya, de la mano de José, en la infancia del Salvador: él, en brazos de su madre, huye como los pobres y escapa de la envidia de los poderosos. La familia custodia el futuro del Dios encarnado y sostiene con su amor el delicado hilo que nos trae la salvación.
Esta verdad humana, asumida por Dios en su encarnación redentora, se convierte también en principio moral que estamos llamados a imitar. Los días tan familiares de la Navidad deberían ayudarnos a discernir cómo estamos viviendo esa verdad profunda, humana y divina, de la familia.
No es suficiente con reunirse y multiplicar las celebraciones: estamos llamados a revisar cómo vive la familia su cohesión a lo largo del año; estamos llamados a plantearnos, sobre todo, si nuestra familia es lugar de ternura, ámbito en el que se valora y se defiende al más débil. Lo contrario, aunque lo justifiquemos con múltiples excusas, se llama egoísmo; y no nos hará felices.
También hoy, la familia está llamada a pasar por Egipto para defender a los más pequeños de la ira del Herodes de turno que ejerce el poder con tiranía.
En la debilidad radica nuestra esperanza: ¡Feliz Año a todos!
PADRE MANUEL:
Feliz Navidad. Toda mi gratitud y admiración. Qué bien desmenuza la Palabra de Dios. Es Ud., una bendición del cielo en estos tiempos malos que tenemos.
LE sigo en Redes y en Radio María. Los podcast los escucho varias veces….
Gracias.
Ya me gustaría que me diera una Aplicación para escuchar de seguido TODA LA BIBLIA CON VOZ Y LETRA. VOZ Y LETRA. En el campo Católico debo ir espigando, entresacando de aquí y de allá. Hay poco. El mundo Protestante nos lleva la delantera…
Ojalá pueda ayudarme.
Un abrazo.
Toda mi gratitud y afecto,
Fernando García, Ávila
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Buenos días, Fernando, muchas gracias por tu mensaje. Me temo que no conozco ninguna aplicación para escuchar la Biblia. Sé que durante una temporada estuvieron muy de moda los «audiolibros» seguramente que en YouTube habrá algún canal que hayan grabado si no toda la biblia, si algunos libros.
Espero que encuentres lo que buscas. Aunque yo te animo a leer y rezar con la biblia por ti mismo, y en oración. El Señor nos habla más que en ningún lugar por medio de su Palabra.
Un saludo,
Manuel.
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…nos enseña a poner a salvo nuestra frágil condición humana de poderes que la superan…gracias Dios porque nos cuidas y llamas para recuperar en Jesús nuestra fortaleza…Señor te pido por tantos inocentes…atiende mi comunidad.
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S
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Buenas tardes D. Manuel: ¡La PAZ del Verbo encarnado con usted.. Soy carmelita descalza y quisiera ponerme en contacto personal con usted y no sé cómo hacerlo, me he decidio a escribir aquí.
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El comentario anterior se me ha ido sin despedirme.
Espero su respuesta.
Muchas gracias.
Un fraternal saludo en el Señor.
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Gracias Padre Manuel por esta reflexión que necesitamos hacernos como familia . Jesús José y María sean nuestro auxilio para perseverar y seguir el camino que tránsito nuestra familia de Nazareth.
agradar a Dios ,vivir su Reino aquí y ahora en el devenir de cada nuevo dia. 🙏
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Que en esta Navidad haya tenido usted una experiencia de ternura de amor al contemplar el Pesebre donde Jesús vino al mundo para enseñarnos a amar y servir e ir al Padre.
¡Feliz Navidad!
P. Hugo
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