EL BAUTISMO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Nuestro refranero dice que «hasta san Antón, Pascuas son». Es una forma de alargar el tiempo de Navidad hasta las fiestas de los «santos viejos» que se celebraban en invierno en nuestros pueblos, sobre todo para atender a las personas necesitadas en estos fríos días de enero y febrero.

 Pero la Navidad finaliza este domingo, con la celebración del día del Bautismo del Señor en el río Jordán. De esta manera, la liturgia se convierte en un precioso servicio para que podamos recorrer la vida de Jesús: en los evangelios, el Bautismo significa el comienzo de la vida pública de Jesús, dejando atrás su infancia y su vida oculta. De esta manera, el tiempo litúrgico de la Navidad nos recuerda la infancia y la vida oculta de la Palabra hecha carne; con este domingo del Bautismo, en cambio, comenzamos a recorrer la vida pública de Jesús en lo que llamamos «Tiempo ordinario».

¿Qué significó para Jesús el acontecimiento del Bautismo? Subrayamos cuatro dimensiones de este precioso misterio de la vida del Mesías.

En primer lugar, Jesús se sitúa en la fila de los pecadores, se une al pueblo penitente que se acerca a Juan para recomenzar una vida nueva, dejando atrás el pecado y la desobediencia. Jesús, que no ha cometido pecado, se hace solidario con los pecadores. De alguna forma, el evangelio comienza y finaliza de la misma manera: al comienzo, con el Bautismo, Jesús se sitúa en la fila de los pecadores; al final, en el Calvario, morirá entre dos malhechores. El inmortal y sin pecado se une a los pecadores y comparte nuestra muerte para poder redimir, desde dentro, la muerte del hombre y su pecado.

En segundo lugar, con el Bautismo, Jesús es manifestado como Hijo de Dios, el amado, el único. Aquel que es Hijo desde la eternidad, es ahora también, en cuanto hombre, Hijo de Dios. Él es la visibilidad del Dios invisible, la presencia de su amor eterno.

Junto al Padre que habla y manifiesta a Jesús como Hijo, también aparece el Espíritu, derramado sobre la humanidad del Mesías para consagrarlo. El Bautismo es una manifestación del Dios Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La misión de Jesús va a ser obra de las tres personas, en esa obra se nos va a manifestar el amor íntimo que es Dios como comunión interpersonal.

Con esta unción por parte del Espíritu, Jesús queda ungido para una misión de parte del Padre. Por eso, hasta ahora no había comenzado su tarea. En este momento, como dice san Juan, el Mesías es manifestado a Israel, ahora comienza su tarea pública que culminará en la muerte y resurrección, con el envío definitivo del Espíritu sobre toda carne.

Después de su largo recorrido silencioso en Nazaret, en el ámbito de la familia y el trabajo, el Mesías comienza a predicar y realizar la llegada del Reino de Dios.

Desde este cuádruple significado del Bautismo de Jesús, podemos aplicar sus consecuencias también a nuestras propias vidas de bautizados. ¿Qué significa que hayamos recibido el bautismo? ¿Cómo nos configura la recepción de este sacramento, que es la puerta de nuestra condición de cristianos?

Jesús no pecó, pero nosotros, sí: nuestro bautismo significa la remisión de todos los pecados cometidos hasta ese momento. Significa, por tanto, dejar atrás un estilo de vida para comenzar otro, implica una conversión. El bautismo es un gozoso acto de humildad por el que, reconociendo nuestro pecado, somos perdonados. No sé si vivimos así nuestras celebraciones bautismales, no sé si el bautismo nos enseña a ser humildes y a no juzgar a nadie.

En segundo lugar, el bautismo nos hace hijos de Dios, vinculados a su Hijo único. A partir de ahí, por tanto, nuestra vida se convierte en una manifestación de esta dignidad que nos ha sido concedida. El comportamiento del creyente está configurado desde su pertenencia a la familia de Dios.

En tercer lugar, por el bautismo recibimos el don del Espíritu Santo: nuestra vida en esta carne mortal se convierte en espiritualidad, en un estilo lleno de la belleza de Dios.

Por fin, a partir del bautismo, somos llamados también a participar en la misión de Jesús: todo creyente debe vivir como misionero, como luz del mundo y sal de la tierra. Es fundamental la dimensión pública de nuestra fe, la confesión valiente de lo que somos.

Jornada del Bautismo de Jesús: jornada para revisar nuestra preciosa condición de bautizados.

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