TENTADOS

MANUEL PÉREZ TENDERO

La idea de fondo de las lecturas de este domingo se podría resumir con la penúltima petición del Padrenuestro: «No nos dejes caer en la tentación».

El evangelio nos muestra a Jesús siendo tentado por Satanás. El lugar y el tiempo de la tentación –el desierto y los cuarenta días– nos recuerdan al pueblo de Israel en el éxodo: cuarenta años de camino por el desierto hacia la tierra prometida, en un itinerario lleno de dificultades y quejas, donde Israel, no solo cayó en la tentación, sino que tentó al mismo Dios, exigiéndole pruebas de su presencia y echándole en cara que los hubiera sacado de Egipto.

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PERO YO OS DIGO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Desde la idea que tenemos de los escribas y fariseos del tiempo de Jesús, es posible que nos resulte fácil la exigencia del Maestro: “Si no sois mejores que ellos, no entraréis en el Reino de los cielos”. Pero no era esta la idea que los discípulos de Jesús tenían en su época: los escribas y los fariseos eran el grupo más religioso dentro del judaísmo, los más cumplidores de la ley de Moisés. ¿Cómo podían ser los discípulos mejores que ellos?

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SAL Y LUZ

MANUEL PÉREZ TENDERO

La reflexión evangélica de este domingo es muy sencilla y muy rica, fácil de aplicar a nuestras vidas y a nuestra misión como cristianos.

Después de hablar de quiénes son los ciudadanos privilegiados de su Reino, con las Bienaventuranzas, Jesús continúa en su discurso programático con dos ejemplos para expresar plásticamente lo que desea de sus discípulos, cuál ha de ser su lugar en medio de la sociedad. El discurso que viene a continuación, por tanto, no es solo un programa ético para ser personalmente cristianos, sino una propuesta misionera para que el creyente se sitúe en medio del mundo como sal y luz.

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