PERO YO OS DIGO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Desde la idea que tenemos de los escribas y fariseos del tiempo de Jesús, es posible que nos resulte fácil la exigencia del Maestro: “Si no sois mejores que ellos, no entraréis en el Reino de los cielos”. Pero no era esta la idea que los discípulos de Jesús tenían en su época: los escribas y los fariseos eran el grupo más religioso dentro del judaísmo, los más cumplidores de la ley de Moisés. ¿Cómo podían ser los discípulos mejores que ellos?

No se trata de una cuestión meramente personal y moral, sino de un estilo nuevo, fruto de un tiempo que quiere ser definitivo. Jesús ha venido a llevar a su plenitud la ley de Moisés; por tanto, sus discípulos están llamados a cumplir esta ley plena de Jesús, ley nueva y más exigente hacia la que apuntaban los mandatos de Moisés.

Repasando algunos de los antiguos mandamientos, Jesús aporta plenitud en una doble dirección: por un lado, nos pide una interiorización del mandamiento; no es suficiente con un cumplimiento externo: la obediencia a la voluntad de Dios debe llegar al corazón, a los sentimientos más profundos, a las intenciones más escondidas. Por otro lado, Jesús nos pide una mayor exigencia: es la dinámica de la gracia, “a quien mucho se le dio, mucho se le exigirá”.

Comprenderíamos mal a Jesús, por tanto, si interpretáramos sus exigencias solo desde el punto de vista de la voluntad; sería, además, una carga más insoportable aún que los antiguos mandamientos. Él nos ha dicho que su yugo es llevadero y su carga ligera: ¿cómo es compatible esto con su gran exigencia?

La moral que se nos pide ha de ser fruto de la condición que se nos ha regalado: somos hijos de Dios y estamos llamados a vivir como tales. El Señor nos ha hecho amigos suyos y, por eso, a su lado, es posible amar más. No es solo cuestión de gracia externa y ayuda a nuestra voluntad: se trata de saberse realmente criaturas nuevas que viven una nueva condición en la que es mucho más fácil vivir de forma sencilla las exigencias del amor.

Nuestra psicología, cuando no vive esta novedad de la alianza nueva del Amigo, suele buscar subterfugios para intentar vivirse relajada y en paz. Creo que la solución no está en comprender la exigencia como una cuestión moral de esfuerzo personal: muchas personas han quebrado por intentar vivir de forma voluntarista las exigencias del Evangelio. Por otra parte, la solución tampoco está en rebajar la palabra de Jesús y apelar a la supuesta misericordia de Dios como excusa que justifica nuestra mediocridad.

Necesitamos profundizar en una teología correcta de la Ley de Jesús y en una comprensión adecuada de la base psicológica del discípulo. Todos conocemos el camino del fariseísmo: la voluntad llevada al extremo y la exigencia centrada en normas que Dios no nos ha pedido.

El creyente se experimenta como un pecador que se esfuerza, por amor a su Señor, en vivir su condición de hijo de Dios. Probablemente, esto lo entienden mejor los sencillos que los que se creen inteligentes, lo viven de forma más auténtica los pequeños que los que intentan controlar su vida moral para no cometer ningún fallo.

Para entender el discurso del monte y las exigencias de Jesús tenemos que leer todo el Evangelio y tenemos, sobre todo, que aprender a vivirlo todo al lado de Jesús, en su camino de entrega hacia la muerte por amor.

Dios es un misterio que nos desborda; también nos desbordan sus mandamientos, como nos desborda su amor. No tenemos miedo: aprendemos a vernos siempre pequeños frente a Dios y su misericordia, frente al amor del Hijo, frente a sus exigencias y su ternura.

A los pies del monte escuchamos la moral del Hijo, las exigencias del Amigo, las palabras del Maestro.

Una respuesta a “PERO YO OS DIGO

  1. Avatar de Manuel Manuel 15 de febrero de 2026 / 7:04 pm

    amad sin medida a todos por amor a Jesús…es la Bueba Nueva que me llega al corazon para liberar tantas ataduras que ahogan mi entrega a Dios…gracias Señor porque te dejas conocer y te conocemos.

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