MANUEL PÉREZ TENDERO

La idea de fondo de las lecturas de este domingo se podría resumir con la penúltima petición del Padrenuestro: «No nos dejes caer en la tentación».
El evangelio nos muestra a Jesús siendo tentado por Satanás. El lugar y el tiempo de la tentación –el desierto y los cuarenta días– nos recuerdan al pueblo de Israel en el éxodo: cuarenta años de camino por el desierto hacia la tierra prometida, en un itinerario lleno de dificultades y quejas, donde Israel, no solo cayó en la tentación, sino que tentó al mismo Dios, exigiéndole pruebas de su presencia y echándole en cara que los hubiera sacado de Egipto.
Las lecturas que acompañan al evangelio en este domingo primero de Cuaresma, en cambio, nos invitan a relacionar el tiempo de ayuno y tentación de Jesús con el pecado de nuestros primeros padres, Adán y Eva.
Jesús, por tanto, no solo quiere recomenzar de forma nueva la historia de Israel, sino que desea iniciar una nueva historia para la humanidad: él es el nuevo Adán que introduce la dinámica de la bendición para todos.
La serpiente del origen se corresponde con Satanás en tiempo de Jesús y, el paraíso, con el desierto. Quizá tenemos aquí ya una clave para la comparación: la abundancia del paraíso se contrapone a la austeridad del desierto. Jesús elige este último lugar para vencer la tentación. Quizá sea más difícil cumplir la voluntad de Dios en un ambiente de abundancia y facilidades; en cambio, el silencio del desierto y sus dificultades pueden ayudarnos a educar nuestra voluntad para decidirse por el bien. La libertad se desarrolla más fácilmente en unos ambientes que en otros. Donde todo es fácil, apetitoso, al alcance de la mano, es posible que la libertad se adormezca y nuestra voluntad se atrofie. El ejercicio, tanto físico como mental y espiritual, nos prepara para la acción, nos hace más capaces y nos ayuda a afrontar las dificultades con mayor probabilidad de éxito.
Por eso, la Cuaresma se nos ofrece como un tiempo de desierto, no de paraíso, como un tiempo de esfuerzo y libertad, de voluntad firme.
San Pablo, por otro lado, nos presenta una interpretación profunda y sencilla de la actitud de Adán y Jesús en paralelo: Adán hizo un acto de desobediencia a Dios; Jesús, en cambio, vivió desde la obediencia al Padre. Las consecuencias de ambas actitudes son claras: la desobediencia nos trae la maldición y la muerte; la obediencia, en cambio, nos trae la gracia y la vida.
Aquí sería pertinente recordar otra petición del Padrenuestro: «Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo». Jesús ha inaugurado una dinámica de búsqueda y cumplimiento de la voluntad de Dios. La libertad se desarrolla en la obediencia, porque el hombre es criatura y ha sido llamado a la filiación por parte de Dios. La rebeldía y la queja, como actitud vital, nos conducen al vacío.
Además, en el relato del Edén comprendemos que, en el fondo, siempre decidimos obedecer a alguien: Eva es invitada por la serpiente a desobedecer a Dios y, con ello, decide hacer caso a la serpiente. Para no ser deudora de Dios, que nos ha creado, Eva decide obedecer una voz extraña que le hace dudar de su condición de persona amada y creada. El diablo nos insinúa que Dios no es de fiar, que debemos confiar más bien en sus palabras aduladoras y seductoras. La libertad consiste en elegir a quién obedecer, qué palabra cumplir, qué huellas seguir.
La elección de Eva y Adán se parece a muchas actitudes de los adolescentes cuando, no fiándose de sus padres que los quieren, hacen caso a gente que les ofrece un mundo mejor por los caminos del consumo. Jesús es el Hijo que se fía del Padre y nos invita a recomenzar un camino de filiación y obediencia, reconociendo quién es el que nos ama y quiénes son los que desean nuestra servidumbre.
La Cuaresma nos invita a marchar al desierto con Jesús para aprender, a su lado, los caminos de la libertad y la obediencia.
…para contemplar su gloria porque somos hijos de Dios y predilectos del Padre que nos prueba por su elección…gracias Jesús eres el lugar donde venzo mis tentaciones para seguirte y alabarte.
Me gustaMe gusta