LA SED DE LOS CREYENTES

MANUEL PÉREZ TENDERO

Si la Cuaresma nos trasporta simbólicamente al desierto, las lecturas de este domingo nos plantean un tema muy adecuado: el agua.

En la historia de Moisés, tenemos un pueblo sediento que no sabe dónde acudir para beber; por ello, se quejan al libertador y este, en nombre de Dios, les abrió un manantial en una peña, en el monte Horeb. En la vida de Jesús, en cambio, sí tenemos un pozo; el que tiene sed, ahora, no es el pueblo, sino el mismo Jesús, que pide de beber a una mujer de Samaría. Entre el Maestro y la mujer se entabla un precioso diálogo por el que Jesús va conduciendo pedagógicamente a la samaritana hacia la sed de un agua nueva, agua que corre, agua viva que solo él puede dar.

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