Al comenzar su segundo libro, san Lucas relata la ascensión de Jesús a los cielos, el mismo relato con el que finalizó su evangelio: se subraya, así, la conexión entre la misión de Jesús y la de su Iglesia.
El momento de la ascensión cierra un periodo de cuarenta días que, según el texto del libro de los Hechos de los Apóstoles, tiene, al menos, cuatro dimensiones.
El mes de mayo ha sido, tradicionalmente, el momento en que los niños de las parroquias se acercan por vez primera a recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Las “Primeras comuniones” son una institución en nuestra sociedad. Gran parte de los esfuerzos pastorales de nuestras parroquias están centrados en la preparación de estos niños y sus familias para que sea fructífero su acercamiento a los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia. A raíz de la experiencia de este año, se me ocurren algunas reflexiones.
Durante el tiempo pascual hacemos un recorrido por el libro de los Hechos de los Apóstoles: la expansión de la Iglesia es fruto de la victoria de Jesús sobre la muerte.
Uno de los protagonistas fundamentales de estos Hechos, en la extensión del Evangelio, fue el apóstol san Pablo. ¿Cómo se predica, cómo se extiende el cristianismo? San Pablo recorrió las ciudades del Imperio romano fundando comunidades de creyentes en cada lugar. La Iglesia se construye y se extiende fundando Iglesias en cada territorio. Es lo que continúa realizando el cristianismo en todos los rincones del mundo.
Citando un texto del Antiguo Testamento, el libro del Apocalipsis habla de Jesús de Nazaret con el símbolo del «león de la tribu de Judá». En la saga de las Crónicas de Narnia, el león es, precisamente, el símbolo de Jesús resucitado en medio de la historia, con todo su poder y mansedumbre, con su presencia y su ocultamiento.
El león –lo saben bien los que han visitado Venecia– es también el símbolo del evangelista san Marcos. Este símbolo del profeta Ezequiel llegó hasta el libro del Apocalipsis, formando grupo con los Cuatro Vivientes; desde ahí, los Santos Padres aplicaron el símbolo a los cuatro evangelistas: el león le correspondió a Marcos porque comienza en el desierto; en aquella época, todavía eran numerosos los leones que habitaban el desierto de Judá y la espesura del Jordán.
Finalizamos el itinerario espiritual de Moisés reflexionando y ahondando en el último libro del Pentateuco: el Deuteronomio. Este libro relata el último día de la vida de Moisés y un conjunto de discursos que nos ayudarán a comprender todo el camino que llevamos recorrido y el gran misterio que supone el final del Pentateuco: Moisés no entra en la tierra prometida; será su sucesor: Josué, el que guíe definitivamente al pueblo.
En su ministerio público, Jesús es presentado a menudo bajo la simbología del pastor. Él es quien conduce al rebaño y quien lo alimenta con su palabra y con su pan. Cuando llega el momento de la muerte, Jesús se convierte en cordero: es sacrificado por los pecados del pueblo como en el rito de la Pascua. Por fin, con su resurrección, Jesús es levantado como gran Pastor de las ovejas y guardián de sus vidas hacia la vida eterna.
Podríamos resumir su vida como un camino de Pastor itinerante a Pastor resucitado, pasando por la experiencia del Cordero. Pastor en su vida pública, Cordero en la Pasión y Pastor de nuevo con la resurrección. Pero la simbología del pastor también se aplica a la muerte de Jesús y la del cordero a su resurrección.
De corazón italiano y de cabeza española: san Francisco y san Ignacio son, probablemente, los dos santos que más han configurado la vida y la misión del papa Francisco.
Al final de su vida, la Iglesia, por encima de todo, agradece a Dios el cuidado que nos ofrece. Él es garante de que este rebaño, tantas veces disperso y pecador, no quede «como ovejas sin pastor». La figura del vicario de Cristo es una de las claves de la providencia de Dios sobre su pueblo. Parafraseando a santa Teresa de Jesús, podríamos decir que, en los «tiempos recios» que nos ha tocado vivir, el Señor nos ha concedido «amigos fuertes de Dios».
Continuamos con el itinerario espiritual de Moisés. Hemos bajado del Monte Sinaí, y ahora nos dirigimos hacia la Tierra Prometida. Durante el camino sigue habiendo dificultades, veremos los principales acontecimientos del libro de los Números en este vídeo.
Como todos sabemos, la celebración de la Pascua judía sirvió como contexto histórico y teológico para vivir y comprender los acontecimientos históricos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre la Pascua judía y la Pascua cristiana?
En tiempos de Moisés, el «paso» de Dios por Egipto supuso el paso del pueblo de Israel de la esclavitud a la libertad; también significó una liberación de la muerte de los primogénitos, gracias a la sangre del cordero: el Ángel exterminador «pasó de largo» por las casas israelitas. La libertad y la vida forman parte del significado original de la Pascua.
En la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la muchedumbre de los discípulos cantaba y alababa a Dios a gritos por todos los milagros que este Mesías había realizado camino de Jerusalén. Ante tanto griterío, algunos fariseos de entre la gente le dijeron a Jesús que los mandara callar. Jesús, en cambio, les respondió que, si callaran los discípulos, las piedras mismas se pondrían a cantar.
La Pasión de Jesús se abre entre gritos de alabanza por parte de la multitud; así también terminará: con gritos de la multitud, pero no para alabar a Dios, sino para pedir la condena de Jesús. La multitud sigue gritando: tal vez no sepa hacer otra cosa. Pero los discípulos sí cambiarán su actitud: al entrar en Jerusalén, gritan con Jesús, durante las últimas horas, cuando el Maestro es juzgado y muere, los discípulos callan y se alejan.