No todas las religiones creen en una vida más allá de la muerte. El problema del futuro individual de la persona ha sido resuelto de manera diferente dependiendo de cada tradición.
Dentro del judaísmo tradicional, incluso, existen grupos en los que no se cree en la resurrección. En tiempos de Jesús no todos estaban de acuerdo en el destino final del hombre más allá de la muerte. En concreto, es significativo el caso de los saduceos, la aristocracia sacerdotal de Jerusalén, que vivía del servicio al templo y gobernaba la religiosidad oficial del pueblo de Israel.
Este grupo solo aceptaba como inspirada la Torah, los cinco primeros libros de la Biblia. Los Profetas y los demás escritos, así como las tradiciones orales, eran rechazadas por los saduceos, por considerar que no estaban inspiradas por Dios. Por eso, solamente aceptaban como verdad aquello que estuviera recogido en esos cinco primeros libros inspirados.
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