
Daniel, Wilson Maguiber, Luis Fernando, Andrés y Joseph Enrique: cinco jóvenes que vestían una túnica negra, con un corazón prendido en el pecho y una cruz grande sobre el cinturón, como una espada de antiguos caballeros que visten armas nuevas surgidas de Jerusalén hace dos mil años.
El viernes pasado tuve el privilegio de participar en la profesión religiosa de cinco nuevos pasionistas en Daimiel.
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