EL MIEDO

MANUEL PÉREZ TENDERO

«Te he oído andar por el jardín y he tenido miedo, porque estoy desnudo; por eso me he escondido». En los orígenes de la humanidad, después de escuchar a la serpiente y comer del árbol prohibido, el ser humano ve su desnudez y se avergüenza; su reacción primera es ocultarse. Sentirse desnudo es saberse mirado, descubierto en toda nuestra debilidad y miseria.

El miedo es una de las experiencias más universales del ser humano, ha entrado en la historia desde los orígenes y atenaza a los hombres y los pueblos en todas las épocas.

El objeto del miedo puede ser muy variable y es diferente, también, la hondura del temor y la capacidad de paralizarnos. El miedo de Adán tiene que ver con el descubrimiento por parte de los demás de su propia miseria. Al comer del árbol, se les han abierto los ojos a Adán y Eva y se ha visto desnudos, frágiles, vulnerables.

Una de las claves de las relaciones humanas es el ocultamiento, la simulación, cuidar la apariencia para que no se revele nuestra pequeñez, nuestras sombras más íntimas. Este cuidado de la apariencia tiene su dimensión positiva: el pudor es un mecanismo de defensa necesario, que nos hace sobrevivir en un mundo complejo; pero puede convertirse en una losa que nos esclaviza por dentro y no nos deja ser nosotros mismos.

Si una herida se oculta, nunca puede sanar; si vivimos como si no pasara nada por dentro, estaremos dejando que nuestro subconsciente gobierne nuestras vidas sin nuestro permiso. Abrir el corazón, dejar que Dios vea todo lo que somos, atrevernos a mirarlo también nosotros, es un paso necesario para madurar y vivir en paz con nosotros mismos.

Por eso, la Biblia nos invita a transformar ese miedo inicial ante la llegada de Dios en un sano «temor de Dios» que nos libera; se trata de pasar del miedo a la confianza, de la inseguridad a la aceptación, del ocultamiento al diálogo.

Junto a este miedo primero a la presencia de Dios debido a nuestro pecado, tal vez el miedo más original, más radical, sea el miedo a la muerte. De alguna forma, se atisba también en Adán este miedo como consecuencia del pecado.

Este miedo a la muerte, que compartimos también con los animales, es un mecanismo de defensa para poder sobrevivir. De hecho, el libro de los Proverbios nos dice que es de sabios temer al mal para apartarse de él; el necio, en cambio, es un temerario. Pero también es verdad que este miedo radical a la muerte puede hacernos esclavos. La carta a los Hebreos dice que el miedo a la muerte es la cadena que más nos esclaviza y que nos impide ser nosotros mismos; de tanto temer morir nos acostumbramos a no vivir: el miedo nos impide desplegar todas nuestras capacidades. De hecho, una de las causas fundamentales del «carpe diem» que muchos propugnan, ese agotar la vida en un instante, es el miedo a morir. El placer sería una forma de exorcizar ese miedo que nos atenaza.

El cristianismo piensa, precisamente, que Jesús ha muerto para vencer en nosotros el miedo a la muerte. Ha muerto desnudo, burlado por la muchedumbre, para superar todos los miedos que, desde Adán y Eva, eslavizan a la humanidad.

El miedo a la desnudez y a la muerte tienen que ver con el miedo a lo desconocido, a aquello que no controlamos. También tememos las cosas positivas que tenemos que hacer, pero de las que no nos sentimos capaces. El miedo y la angustia caminan aquí de la mano.

Por eso, en la noche, cuando es difícil conocer espacios y reconocer personas, el miedo nos habita de una forma más contundente. La luz, el reconocimiento, ayudan a disipar temores. Cuando llega un extraño, es fácil experimentar temor; cuando llega un enemigo conocido, también nos visita el miedo. Pero la alegría lo transforma todo cuando llega una presencia amiga. San Pablo lo dice de una forma preciosa al subrayar que hemos recibido un espíritu de hijos que nos hace no recaer en el temor.

Adán, en pecado, no vio llegar a Dios como un Padre, sino como una amenaza para su ser pecador; con el nuevo Adán, Dios llega definitivamente como misericordia paterna y, por ello, es posible disipar todo temor desde lo más profundo de nuestra debilidad.

5 respuestas a “EL MIEDO

  1. Avatar de Patricia Sabate Patricia Sabate 25 de junio de 2023 / 2:26 pm

    Excelente Padre Manuel, como todas sus notas, audiis articulos etc, los conozco a todos los que publica,muy esclarecedor

    Me gusta

  2. Avatar de Maria Magdalena Castillo Maria Magdalena Castillo 25 de junio de 2023 / 4:34 pm

    Gracias a Dios y a usted Padre Manuel Tendero, por su amor compartido a la palabra, que Dios lo siga bendiciendo .

    Me gusta

  3. Avatar de Prado Prado 25 de junio de 2023 / 7:51 pm

    Que bien me hace poder meditar cada domingo lo que D Manuel escribe.Muchas gracias y que Dios siga iluminándole para seguir haciendo el bien

    Me gusta

  4. Avatar de M.Pilar M.Pilar 26 de junio de 2023 / 12:48 pm

    Excelente reflexión. La confianza en Dios y en nosotros mismos, aceptándonos tal como somos, nos ayuda a disipar nuestros miedos. Gracias Manuel.

    Me gusta

  5. Avatar de Rosa Navarro Gonzalez Rosa Navarro Gonzalez 26 de junio de 2023 / 11:40 pm

    No tengo miedo a la muerte, ni al dolor, mientras hay dolor hay vida,
    La vida es lo más maravilloso que hay, disfrutemos de ella, vivamos cada día como si fuera el último

    Nunca se sabe lo que el destino te tiene deparado
    Si te dicen, mañana me he muerto!!! dile ayer estaba fantástica…
    Vive y deja vivir
    Ten tú propia vida, todos seremos más felices
    He dicho.

    Me gusta

Deja un comentario