MANUEL PÉREZ TENDERO

El genio de la lámpara concedió a Aladino tres deseos: difícil elección. Este cuento nos ayuda a reflexionar sobre lo que realmente nos importa, sobre el tesoro más grande que nuestro corazón anhela; en el fondo, nos ayuda a conocernos más a nosotros mismos, a saber qué motivaciones mueven nuestros actos y qué metas, explícitas o no, nos dan fuerza para el camino.
Más antiguo que este cuento tenemos el relato de los orígenes del gobierno del rey Salomón en Israel. Él tuvo un sueño en Gabaón: Dios se le reveló en la oración y le ofreció concederle un deseo.
Salomón está empezando a ejercer su gobierno y debe prepararse bien. ¿Cuáles solían ser los deseos de los antiguos gobernantes? La victoria sobre los enemigos, el mantenimiento en el poder, las riquezas y el bienestar propio. Salomón elige otro camino: pide sabiduría para buscar el bien del pueblo que debe gobernar.
Este relato bíblico no ha perdido nunca actualidad: no es fácil ejercer el poder, no es fácil vencer la tentación de superar los propios deseos para buscar el bien común. La elección de Salomón seguirá ahí, intentando iluminar a aquellos gobernantes que se atrevan a servir a su pueblo, que busquen el bien de los demás y no utilicen la retórica para conseguir sus objetivos personales.
Pero las lecturas que este domingo nos propone la liturgia no nos hablan fundamentalmente de la importancia de tener gobernantes sabios; la liturgia nos habla de nosotros mismos, como reyes y gobernantes de nuestra propia vida.
Salomón eligió sabiduría por encima de todo; en sus parábolas, Jesús nos habla del Reino como la elección de un tesoro y de una perla preciosa por la que es posible dejarlo todo para conseguirla.
Eligiendo sabiduría, Salomón eligió también todo lo demás. Los libros sapienciales de la Biblia nos recuerdan a menudo que la sabiduría es la raíz de todos los bienes: cuando se busca por encima de todo, todo nos llega con ella, también bienestar y riquezas.
Esta perspectiva nos recuerda las búsquedas de una joven francesa que vivió como carmelita: Teresa de Lisieux lo quería todo, quería abarcar todas las vocaciones de la Iglesia; ¿cómo serlo todo a la vez, cómo vivirlo todo intensamente? Encontrando el centro: lo que significaba la sabiduría para Salomón era el amor para Teresa; el corazón de todas las vocaciones, el origen de todos los bienes, está en el amor.
Se trata de una clave fundamental para construir nuestra vida: desde dónde podemos vivir intensamente todos los bienes, dónde colocar la raíz, dónde poner el corazón. No tener un centro nos vuelve dispersos, sin estructura, sin horizonte; poner un centro equivocado, por otra parte, hace que no podamos poseer lo demás.
Podemos multiplicar los ejemplos en nuestra propia vida: los que eligen el dinero por encima de todo es posible que pierdan los grandes bienes de las relaciones humanas; quienes eligen el éxito o el placer como meta fundamental es muy posible que nunca encuentren el amor. Creo que lo podemos ver también en nuestra propia cultura: cuando elegimos el bienestar por encima del amor, cuando elegimos el dinero por encima de la sabiduría, encontramos soledad y creamos sociedades hastiadas y sin esperanza.
La realidad tiene sus propias leyes: la sabiduría y el amor son la raíz de todo; la sabiduría, como a Salomón, nos lo da todo, pero hemos de renunciar a ese todo para ponerla a ella como raíz de los demás bienes. El amor, como a Teresa de Lisiex, nos la da todo, pero tenemos que estar dispuestos a renunciar a todo para que el amor sea el corazón de nuestra vida. Jesús nos ofrece una nueva perspectiva, muy relacionada con la sabiduría de Salomón y el amor de Teresa: el Reino. Jesús mismo, que es la Sabiduría encarnada y el amor en persona, se convierte en el tesoro fundamental de aquellos que lo han descubierto; entonces, todo lo demás brilla con nueva luz y recupera toda su belleza.
Una reflexión muy a tiempo en esta actualidad que nos marcará , quizá, un camino sin retroceso
Espero que aquellos llamados a gobernarnos sepan elegir , como Salomón, sabiduría y el» bien común» ,!!
Desgraciadamente dudo mucho de su eleccion
Y en plano del alma? Lo más íntimo der Ser….
Qué significa «renunciar a todo»?….que es el todo?
Renunciar a todo, solo puede significar la búsqueda de Dios……además de esa búsqueda, como se renuncia a «todo ‘? demasiado amplio elese concepto que nos rodea ….!una búsqueda infinita y, quizá, sin llegada a puerto»
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