TEMOR Y CONFIANZA

MANUEL PÉREZ TENDERO

Leí alguna vez que el director de cine Manoj Nelliyattu Shyamalan, que ha hecho películas como El sexto sentido, quiere mostrar en sus películas cómo tememos aquello que no conocemos; lo que nos da miedo, cuando se acerca, cuando lo hemos conocido, deja de causarnos temor y puede, incluso, llegar a ser parte de nuestra vida.

Es una de las reacciones del hombre bíblico ante la presencia de Dios: el temor. Dios es absolutamente desbordante, su tremenda luz es experimentada como oscuridad por parte de la criatura limitada. Pero, cuando se acerca, cuando ha caminado con nosotros, cuando nos atrevemos a sostener su presencia, ese gran desconocido nos revela su rostro de Padre y se convierte en la mayor fuente de confianza y seguridad para nosotros.

Una experiencia de este tipo tuvo Elías en las faldas del monte Horeb: Dios no está en la tempestad, ni en el terremoto: él se hace presente en una brisa suave que refresca y nos acaricia la piel.

Es la experiencia que tuvieron también los discípulos en una tormenta nocturna, en medio del lago de Galilea. Jesús, el Maestro, se hace presente andando sobre las aguas: la primera reacción es el temor, ¿cómo van a pensar ellos que esta aparición tenga que ver con su amigo y compañero? Pero el temor se va disipando cuando lo reconocen: se atisba ya también la experiencia futura del Resucitado.

Pedro, siempre el primero, se atreve a algo más: es tal su confianza en Jesús reconocido que quiere compartir su camino, quiere andar sobre las aguas con él; Pedro no solamente acepta lo que le parecía extraño, sino que quiere formar parte de ello, lo ve como propio.

La confianza todo lo puede: Jesús llama a Pedro y el discípulo comienza a caminar sobre las aguas, en dirección al Maestro. «Todo es posible para el que cree» suele decir Jesús cuando realiza algún milagro.

Pero algo falla: Pedro empieza a hundirse; ha sentido la presencia del viento en su rostro y el movimiento ondulante de las olas bajo sus pies. Pedro duda y, por ello, se hunde. La obediencia a la palabra de Jesús hace posible caminar sobre las aguas, la mirada a uno mismo y su fragilidad, en cambio, provoca dudas y nos impide avanzar.

Jesús pronuncia una de las palabras clave del evangelio según san Mateo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?». La oligopistía, la poca fe.

¿No es esta la experiencia del hombre actual, del cristiano de este tiempo? Tenemos fe, pero no suficiente; hemos olvidado que la fe, como la vida, como el amor, crece. La fe que tenemos nos sitúa en la barca, pero no más allá; hay poco atrevimiento en nuestro cristianismo porque hay poca fe. Creo que, de la misma manera, también hay pocos frutos en nuestra pastoral por la falta de fe.

Una vez más habrá que decir que los métodos y las estrategias son necesarios, importantes, pero insuficientes; la clave del cristianismo está en Jesús, en su presencia desbordante; por eso, la clave de la Iglesia y su misión está en la fe.

Tal vez ya no sentimos temor ante lo sagrado, pero tampoco genera en nosotros la suficiente confianza para salir de la barca y ponernos en camino con Jesús, por el mar, siempre más allá, en terreno no trillado, obedientes a su palabra, confiados en su llamada, fijos nuestros ojos en su rostro.

Al final, san Pedro no se hunde: grita a Jesús, que lo saca de las aguas. La oración es la respuesta a nuestra falta de fe: hablar a Jesús, gritar a Jesús, mirar a Jesús; él hará posible que la fe aumente y el camino continúe.

Una respuesta a “TEMOR Y CONFIANZA

  1. Avatar de Patricia Sabate Patricia Sabate 13 de agosto de 2023 / 7:58 pm

    Me encanto!! Gracias
    Excelente!!!

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