HIJOS DEL DÍA

MANUEL PÉREZ TENDERO

Hace unas semanas leí un informe sobre los problemas de sueño que experimentan muchos españoles. Entre otras causas, se hablaba del estilo que se había impuesto en nuestra sociedad: ciudades de veinticuatro horas, con actividad imparable durante todo el día.

Muchos tenemos experiencia de este ritmo, con voces callejeras y músicas de alto volumen en horas nocturnas que nos desvelan, a veces, en medio de la noche.

Podríamos hablar de la «cultura de la noche». Parafraseando los textos del Nuevo Testamento, se puede aplicar a muchos de nuestros conciudadanos la expresión de «hijos de la noche». La noche, incluso en la Biblia, no siempre tiene un sentido negativo, porque «la noche es tiempo de salvación»: la noche del éxodo, la noche de la Navidad, la noche de la resurrección, la noche de la llegada final del Novio…

Pero, a pesar de ello, la noche tiene, en general, un sentido más bien negativo en la tradición bíblica. La oscuridad, las tinieblas, son signo de lo oculto, el lugar de los temores, de lo que no se controla, el tiempo propicio para actuar a escondidas, para hacer aquello que no haríamos a plena luz.

De hecho, no es infrecuente que la noche vaya ligada con el exceso de alcohol, algunos encuentros violentos, robos. La luz ha sido siempre el símbolo de la verdad y tiene mucho que ver con lo positivo, con el triunfo del bien, con la denuncia del mal que, a menudo, queremos ocultar.

Por eso, para san Pablo, los bautizados son «hijos de la luz», no «hijos de la noche» ni de las tinieblas. Lo visible, lo claro, lo manifiesto, la verdad sin tapujos, han de ser el estilo de aquellos que han dejado atrás una vida sin moral y han descubierto el Evangelio de Jesucristo.

Pero la expresión «hijos del día» no tiene solamente un significado natural, común a todas las culturas: tiene también un sentido específicamente cristiano. «El Día del Señor» es una expresión bíblica que los cristianos aplicaron al domingo, día de la resurrección de Jesús, y se aplicó también al domingo definitivo, cuando el Señor se manifieste para llevar a la historia a su meta definitiva.

Los bautizados son aquellos que están a la espera de su Señor, pendientes de su regreso. Él, ya resucitado, conduce la historia y está llegando para establecer la justicia definitiva. Estamos en la madrugada de la historia, en los tiempos del alba, cuando el sol aún no se ve, pero ya anuncia su presencia anticipada con la claridad que despierta toda la creación.

Los cristianos, por tanto, somos también «hijos del Día», de ese Día final, único, que configura toda nuestra existencia y da forma a nuestro comportamiento moral.

Ser «hijos del día», entonces, no tiene solamente un matiz de luz, de bondad, de sinceridad, de claridad y búsqueda del bien: posee también un matiz de espera, de proyección de futuro, de una vida que tiene sentido porque tiene meta. Alguien nos espera, a Alguien le importamos y, por ello, está viniendo a nuestro encuentro.

Los cristianos estamos llamados a ser testigos de un futuro inminente que tendrá el rostro de la salvación y la justicia, el rostro de Jesús de Nazaret.

¿Cuál ha de ser nuestra actitud en este tiempo de espera? Jesús lo explica con algunas parábolas que san Mateo ha recogido en su discurso escatológico y que estamos leyendo en estos domingos finales del tiempo litúrgico. La semana pasada veíamos la parábola de las vírgenes, este domingo meditamos sobre la parábola de los talentos: esperar es actuar, trabajar, esforzarse. Hemos de superar la pereza, hemos de superar una concepción «quietista» y espiritualista de la religión; hemos de superar, ante todo, el miedo que paraliza, una visión del final que nos llena de temor y nos impide arriesgarnos, luchar, trabajar con tranquilidad con los talentos que hemos recibido. Si el miedo paraliza, la ilusión y la esperanza nos ponen en movimiento, en movimiento hacia Aquel que se está moviendo hacia nosotros y en movimiento hacia los hermanos que esperan su justicia.

Una respuesta a “HIJOS DEL DÍA

  1. Avatar de Teresa Simarro Martin del Burgo Teresa Simarro Martin del Burgo 19 de noviembre de 2023 / 9:34 am

    Nuestra vida debería ser» Adviento» en el día a día!!!!
    Gracias por sus enseñanzas!!!

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