MANUEL PÉREZ TENDERO

Al llegar el mes de febrero, cada año, la Organización católica Manos Unidas, Campaña contra el Hambre, vuelve a despertar nuestras conciencias y a pedir nuestra ayuda para dar pasos concretos hacia el final del hambre en el mundo.
La campaña de este año, en línea con la insistencia del papa Francisco, se centra en lo que se podría llamar la «injusticia climática». Ese «cambio climático» que a todos preocupa tiene más incidencia entre los más pobres. Se habla de «descartados climáticos» ante los que es necesario abrir los ojos.
En el fondo, esta campaña nos ayuda a comprender que el problema del clima no es una cuestión ideológica: lo que importan son las personas, empezando por los que más sufren.
Con el lema de esta campaña, «El efecto ser humano», se nos quiere invitar a la reflexión: el ser humano tiene la llave de la solución o el agravamiento de este problema: en nuestras manos está construir la justicia desde todas las dimensiones de lo humano, también desde la dimensión climática.
Esta importancia del ser humano y su responsabilidad en el futuro de la humanidad y su hábitat, no es solamente una cuestión práctica, constatable, sino que tiene una causa que conviene no olvidar.
Desde una perspectiva bíblica y cristiana, Dios ha creado el mundo en virtud del ser humano. El capítulo segundo del libro del Génesis nos dice que Dios plantó un paraíso y colocó allí al hombre para habitar: el mundo es un jardín de Dios para el hombre, un acto de amor, un regalo. En la misma perspectiva se sitúa el capítulo primero del mismo libro: después de haber creado un mundo habitable, Dios crea a todos los seres vivos, plantas y animales; al final de la semana original, Dios crea al ser humano, como varón y mujer, para que se multipliquen y dominen sobre todas las criaturas.
Podemos decir, desde esta perspectiva bíblica, que el mundo existe por el hombre y para el hombre. Sin el hombre, el mundo no habría sido creado. Por eso, precisamente, es mayor nuestra responsabilidad: tenemos la misión de custodiar el jardín de Dios en su nombre, con cuidado y respeto. Sin el hombre, las criaturas perderían su razón de ser; por eso, san Pablo escribe que la creación está sufriendo las consecuencias de la esclavitud y el pecado del hombre, está gimiendo dolores de parto hasta que se recupere la libertad de los hijos de Dios. La creación nos necesita para tener sentido y alcanzar la finalidad para la que ha sido formada.
La especie humana, por tanto, no es un peligro para el mundo, sino su razón de ser. Si perdemos esta perspectiva, creo que la ecología se desvirtúa y el mundo entraría en un gemido sin solución. Este mundo no es solo naturaleza sin rumbo, sino creación con un origen y una meta.
Esta es la grandeza y la miseria del hombre, este es el drama de su pecado: si gobierna el mundo sin sabiduría, como déspota, apropiándose de lo que le ha sido entregado como regalo para ser custodiado, el mundo sufre y las consecuencias revierten también sobre la humanidad, empezando por los más vulnerables.
Para ser felices hemos de cuidar la felicidad de los demás; para vivir con alegría en un mundo repleto de belleza debemos cuidar ese mundo con esmero, humanizándolo, como escenario de nuestras relaciones con Dios y con los hermanos. La armonía de las criaturas tiene mucho que ver con la armonía del ser humano y su capacidad de hacer el bien.
Si no cuidamos lo de dentro, si no cambiamos el corazón, el cuidado de lo exterior no tendrá frutos duraderos. El pecado del hombre, su autosuficiencia, su falta de amor al Creador y a los demás seres humanos, es el mayor peligro que amenaza a este mundo, a sus criaturas, al clima y a todas las dimensiones de la realidad.
Dios ha confiado en nosotros: el efecto ser humano, cuando recapacita y se deja transformar por la gracia, es una bendición para todas las criaturas que, dirigidas por el hombre, cantan de gozo a su Creador.
Buenos días, me gustaría saber si Cautivados por la palabra vende libros, tengo un ministerio de cárcel en Estados Unidos y me gustaría saber si tienen una guía del evangelio de San Juan o cualquier otro Evangelista para poder dar clases en la cárcel.
desde ya sumamente agradecida por su respuesta
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Buenos días Sofía. Me temo que no, no vendemos libros. En vídeo están analizados los evangelios de Marcos, Lucas y Mateo casi capítulo por capítulo. Tal vez te ayuden: https://www.youtube.com/@ManuelPerezTendero/playlists Un saludo
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