HA PASADO LA PASCUA

MANUEL PÉREZ TENDERO

La Semana Santa está a punto de terminar. Hemos representado la Cena de Jesús, su muerte y, ahora, en este domingo solemne, nos disponemos a recordar su resurrección. Un año más, ha pasado la Semana Santa y cada cual volverá a sus tareas; algunos, pendientes ya de los preparativos para el año próximo.

También en tiempos de Jesús pasó la fiesta pascual de los judíos; aquel año, con los dramáticos acontecimientos de la muerte del profeta de Galilea. Para la mayoría de los habitantes de Jerusalén, todo ha pasado y vuelve la rutina cotidiana. Es posible que, también, para la mayoría de los que han celebrado esta Semana Santa, todo quede en el pasado –vivido con mayor o menor devoción– y la rutina de lo cotidiano vuelva a habitar nuestra existencia. Hemos representado los acontecimientos fundamentales de la fe cristiana y, ahora, vuelve la vida real, lo de antes, lo de siempre.

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EL ESPÍRITU DE LA SEMANA SANTA

MANUEL PÉREZ TENDERO

Cuando llega la Navidad, cada año, nos preguntamos sobre el espíritu verdadero de la Navidad: tenemos la impresión de que, de alguna manera, hemos tergiversado un poco las raíces y el sentido de las fiestas del nacimiento de Jesús de Nazaret.

En estos días de primavera recién estrenada, cuando llega la Semana Santa, ¿no podríamos hacernos la misma pregunta? ¿Cuál es el espíritu de la Semana Santa? ¿Cuál es su sentido original y su raíz verdadera?

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PROMESAS QUE CUMPLIR

MANUEL PÉREZ TENDERO

El recorrido que nos han ofrecido los domingos de Cuaresma a lo largo de toda la historia de la salvación llega a su fin: Adán, Abraham, Moisés, los profetas y, ahora, la promesa de una nueva alianza.

El Antiguo Testamento es una historia abierta, es una palabra de promesa que educa al pueblo para aprender a esperar al Mesías. Ese pueblo, quizá sin saberlo, va a dar a luz de sus entrañas al salvador de toda la humanidad.

Israel ha sido educado por Dios para aprender a mirar hacia arriba y para aprender a mirar al futuro: el cielo y la historia son la clave para encontrar a Dios. Con Jesús de Nazaret, el futuro se ha hecho presente y la mirada elevada se dirige, ahora, hacia el seno de la tierra, hacia abajo, hacia las pequeñas semillas que deben morir para poder dar fruto.

La alianza en el Sinaí se convierte en «primera alianza», ensayo de alianza definitiva, proyecto de una plenitud que estaba por llegar. Era necesaria una nueva alianza –dice Jeremías–, porque la primera alianza ha fracasado: el pueblo no ha cumplido su parte, la ley ha sido descuidada. Es necesaria una nueva alianza que se fundamente en el perdón: nueva alianza significa reconstrucción, misericordia; pero es necesario ir más allá, no es suficiente con restablecer lo antiguo, porque volvería a fallar.

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EL EXILIO Y LA CRUZ

MANUEL PÉREZ TENDERO

El exilio de Israel en Babilonia, quedando el templo de Jerusalén completamente destruido, es el acontecimiento más dramático de la historia que relatan los textos del Antiguo Testamento. Según los mismos textos bíblicos, la causa de este drama fue el pecado repetido por parte del pueblo que, infiel a la alianza, pierde la tierra que recibió en virtud del pacto que Dios hizo con su pueblo en el Sinaí.

El pecado no fue algo instantáneo, ni quedó reducido a algunos dirigentes de la nación: todos los estamentos del pueblo fueron culpables y el pecado se prolongó durante siglos. El Dios de la alianza no dejó de enviar profetas para intentar evitar el desastre, para llamar a los dirigentes a la conversión y al pueblo a enderezar el camino, pero fue en vano. Al final, nos dice el texto bíblico, que «ya no hubo remedio».

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EL TEMPLO DE SU CUERPO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Los cuarenta días de Cuaresma nos vinculan, especialmente, con los cuarenta días que Jesús de Nazaret pasó en el desierto de Judea al comenzar su ministerio, ayunando y siendo tentado por Satanás. Desde ahí, también nos traen a la memoria los cuarenta años del pueblo de Israel por el desierto, camino de la Tierra Prometida; también ahí hubo hambre y tentaciones.

La semana pasada reflexionábamos sobre otra dimensión geográfica, en paralelo al desierto, que también nos ayuda a afrontar el espíritu de la Cuaresma: la subida al monte.

En las lecturas del Antiguo Testamento de los cinco domingos de Cuaresma, antes del Domingo de Ramos, la liturgia nos ofrece un precioso recorrido por toda la historia de Israel, previa a la llegada del Mesías.

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