EL TEMPLO DE SU CUERPO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Los cuarenta días de Cuaresma nos vinculan, especialmente, con los cuarenta días que Jesús de Nazaret pasó en el desierto de Judea al comenzar su ministerio, ayunando y siendo tentado por Satanás. Desde ahí, también nos traen a la memoria los cuarenta años del pueblo de Israel por el desierto, camino de la Tierra Prometida; también ahí hubo hambre y tentaciones.

La semana pasada reflexionábamos sobre otra dimensión geográfica, en paralelo al desierto, que también nos ayuda a afrontar el espíritu de la Cuaresma: la subida al monte.

En las lecturas del Antiguo Testamento de los cinco domingos de Cuaresma, antes del Domingo de Ramos, la liturgia nos ofrece un precioso recorrido por toda la historia de Israel, previa a la llegada del Mesías.

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