PROMESAS QUE CUMPLIR

MANUEL PÉREZ TENDERO

El recorrido que nos han ofrecido los domingos de Cuaresma a lo largo de toda la historia de la salvación llega a su fin: Adán, Abraham, Moisés, los profetas y, ahora, la promesa de una nueva alianza.

El Antiguo Testamento es una historia abierta, es una palabra de promesa que educa al pueblo para aprender a esperar al Mesías. Ese pueblo, quizá sin saberlo, va a dar a luz de sus entrañas al salvador de toda la humanidad.

Israel ha sido educado por Dios para aprender a mirar hacia arriba y para aprender a mirar al futuro: el cielo y la historia son la clave para encontrar a Dios. Con Jesús de Nazaret, el futuro se ha hecho presente y la mirada elevada se dirige, ahora, hacia el seno de la tierra, hacia abajo, hacia las pequeñas semillas que deben morir para poder dar fruto.

La alianza en el Sinaí se convierte en «primera alianza», ensayo de alianza definitiva, proyecto de una plenitud que estaba por llegar. Era necesaria una nueva alianza –dice Jeremías–, porque la primera alianza ha fracasado: el pueblo no ha cumplido su parte, la ley ha sido descuidada. Es necesaria una nueva alianza que se fundamente en el perdón: nueva alianza significa reconstrucción, misericordia; pero es necesario ir más allá, no es suficiente con restablecer lo antiguo, porque volvería a fallar.

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