UN GRANO DE MOSTAZA

MANUEL PÉREZ TENDERO

El cedro forma parte de la bandera del Líbano. Desde los tiempos bíblicos, este árbol ha simbolizado la fecundidad de aquella tierra y ha servido como ejemplo para definir la grandeza y la fortaleza. Son numerosos los textos bíblicos que nos hablan de los cedros del Líbano: el justo se parece a este árbol, porque está firme en la casa del Señor, bien plantado y regado en los aledaños del templo.

En otras ocasiones, el cedro del Líbano sirve para expresar el orgullo de algunos dirigentes; frente a ellos, el Señor promete ensalzar los pequeños árboles: lo pequeño es siempre preferido en la tradición bíblica.

También Jesús habló de árboles en su predicación. Uno de los ejemplos más utilizados por el maestro de Nazaret para explicar el Reino es el de la semilla, con sus muchos matices.

Hace unos días, hablando con un cristiano recio y con años –un verdadero cedro del Líbano plantado en tierras manchegas–, me decía que no conocía la semilla de la mostaza, pero comprendía bien la parábola de Jesús. Estábamos hablando de la importancia de la fe: si fuera, al menos, comparable a una minúscula semilla de mostaza, podríamos hacer milagros.

El Reino es como la mostaza: semilla pequeña que crece y se hace grande hasta poder albergar a los pájaros del cielo. La fe está llamada a ser, al menos, como grano de mostaza: pequeña y poderosa, fecunda.

Por el contrario, parece que nosotros queremos construir un Reino grande y brillante, un Reino inmediato, sin la pequeñez y la perspectiva de futuro. También la fe queremos experimentarla de una forma grande, visible, brillante; en nosotros y en los demás. Si no es así, pensamos que no existe.

¿Por qué comparó Jesús el Reino y la fe de sus discípulos con la semilla de mostaza? ¿Había ahí una enseñanza difícil que nos cuesta desentrañar? ¿Se refería Jesús a los tiempos actuales, o pensaba también en su propia época?

Con las parábolas, Jesús intenta explicar su vida, su actuación; intenta explicar la forma que tiene Dios de actuar en el mundo de los hombres. Probablemente, en Galilea, donde él quiso empezar a poner los cimientos del Reino de Dios, el éxito de Jesús no fue muy grande. A menudo, la masa se acercaba y buscaba milagros, signos, pan; pero eran pocos los que se asomaban a la fe, eran muy pocos los que permanecían junto al Maestro más allá de la curiosidad inicial. ¿Era Jesús un Maestro fracasado? ¿O era esta la forma en que Dios quería actuar en medio de los hombres?

Desde el Antiguo Testamento, también la pequeñez y la paciencia eran claves para comprender la forma de actuar Dios en la historia. Antes de Jesús, y también después de él, en nuestro propio tiempo, las claves del obrar de Dios son las mismas: pequeñez y crecimiento; por eso, la semilla de mostaza, minúscula y prendada de futuro, es uno de los mejores ejemplos de la dinámica de la fe.

Por eso, evangelizar no es vencer, sino sembrar; por eso, creer no sentirse seguro, sino ponerse en camino.

¿Tenemos esto en cuenta a la hora de vivir nuestra fe y de sembrar el Reino? ¿No estamos frustrados y nuestra pastoral nos decepciona porque no hemos comprendido las claves del Reino de Jesús, el sentido profundo de las parábolas?

¿El problema es que hay poca fe o que no sabemos verla en toda su preciosa pequeñez? ¿El problema es que no tenemos éxito o que hemos confundido la fecundidad del Reino con nuestras propias conquistas?

Creer es ver el futuro de lo pequeño. Elías, después de un largo tiempo de sequía, se acercó al monte Carmelo, junto al mar Mediterráneo, y contempló una nubecilla que se alzaba en el horizonte: allí supo ver la inminente lluvia que Dios enviaba a la tierra para acabar con la sequía.

Necesitamos profetas que vean la potencialidad de lo pequeño; necesitamos creyentes que entiendan la fuerza del Reino y los caminos de Dios. Necesitamos sembradores confiados y pacientes.

2 respuestas a “UN GRANO DE MOSTAZA

  1. Avatar de Mercedes Arroyo Mercedes Arroyo 16 de junio de 2024 / 6:26 pm

    Me ha ayudado la frase de que evangelizar no es vencer sino sembrar, que no se trata de la creencia de sentirse seguro en el camino, sino de caminar. Así lo entendí yo. Resumiendo confiar y andar, fe y obras van juntas. Gracias Manuel P. Tendero

    Me gusta

  2. Avatar de Manuel Manuel 16 de junio de 2024 / 10:19 pm

    es consolador que Dios se revele en lo pequeño para descubrir su grandeza…que me invita a la conversión y la fe…aquí encuentro sentido a la misión recibida donde el Espiritu Santo nos abre camino…

    Me gusta

Replica a Mercedes Arroyo Cancelar la respuesta