MANUEL PÉREZ TENDERO

Los evangelios nos hablan de dos envíos de Jesús a los apóstoles. El más conocido es el envío pascual: Cristo resucitado manda a sus discípulos a proclamar el Evangelio en todos los rincones de la creación. Pero existe un envío anterior, prepascual, durante la vida pública de Jesús.
Una de las características de este primer envío es que Jesús los fue mandando de dos en dos. ¿Tal vez porque no estaban preparados del todo? ¿Porque tenían que dar testimonio y, para ello, se requieren dos testigos?
Ayer, en la catedral de Ciudad Real, fueron ordenados diáconos dos seminaristas de nuestra tierra: Pedro Julián y Gabriel. Ordenados de dos en dos: ¿será una bella casualidad que tiene que ver con los orígenes cristianos de la vocación?
El envío por parejas, ¿es algo casual o tiene un significado profundo? ¿Se debe reflejar, de alguna manera, en la forma en que debe hoy la Iglesia ejercer su misión?
Algunas congregaciones de monjas, cuando salen a la calle, lo hacen de dos en dos; por otro lado, se puede aplicar fácilmente este envío por parejas al matrimonio cristiano: dos creyentes viven sacramentalmente el envío de Jesús para sembrar el Evangelio desde la familia.
No parece tan claro este paralelismo entre los ministros de la Iglesia. De hecho, la mayor parte de los sacerdotes ejercen su ministerio de forma individual; también los obispos, sucesores de los apóstoles, ejercen un ministerio individual en cada diócesis; aunque el Colegio episcopal, en torno al sucesor de Pedro, es el gran órgano colegial de la Iglesia.
¿Pertenece a la esencia del envío el que vayan de dos en dos, o se trata de algo circunstancial? No olvidemos que Jesús, desde el principio, formó un grupo en torno a su persona y casi no realizó nada de forma individual. Por otro lado, él siempre se sabe acompañado por el Padre y lleno de la unción del Espíritu.
Desde el principio de la historia, Dios creó –a imagen y semejanza suya– al varón y a la mujer, no al individuo asilado. También eligió un pueblo, no a personas aisladas, para llevar adelante su plan de salvación sobre toda la humanidad.
¿Cómo está la comunión entre nosotros?
En el ámbito laboral, cada vez se trabaja más en equipo, porque es difícil que una persona sola pueda abarcar la complejidad de las tareas. En cambio, en el ámbito personal, vemos que el individualismo se abre paso: se multiplican las personas que viven sin compromiso y la soledad comienza a ser el gran problema de los hombres y mujeres de nuestras ciudades.
De hecho, a veces da la impresión de que el «tipo humano» que se está educando en nuestra sociedad no está preparado para las relaciones duraderas. Quizá llegue un día en que el individualismo no será ya una opción, sino fruto de una incapacidad.
¿Qué sucede en la comunidad de los creyentes en Cristo? ¿Cómo se vive en la Iglesia su misión de ser signo e instrumento de la unidad entre todos los hombres? Desde los comienzos, en Corinto y entre los mismos discípulos de Jesús, se daban rivalidades y búsqueda de protagonismo individual. ¿En qué dirección hemos evolucionado desde entonces? ¿Podrá ser la Iglesia profecía de otra forma de vivir para una sociedad que se ahoga en la soledad?
¿Es posible ejercer la misión de dos en dos? ¿Es necesario, nos lo está pidiendo Jesús? Creer siempre ha estado relacionado con esperar y con amar. Evangelizar no es transmitir ideas o normas, sino extender un amor, el amor del Dios Trinidad, que quiere abarcar a toda la humanidad: un amor no se puede extender sino en comunión. Quien evangeliza es la comunidad, Cristo y su cuerpo eclesial.
De dos en dos: una verdad de nuestro origen y un reto para nuestro futuro.
…caminamos hacia las periferias al encuentro con nuestra Madre para reencontrarnos con nuestro Padre en un abrazo fraterno…que certifica el envío para conocer y reconocer a aquel que nos hace hijos de Dios…
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Muchas gracias Padre Manuel!
Que Dios lo siga iluminando y a nosotros a través de su Ministerio.
De dos en dos, para que podamos dar fruto según la Voluntad de Dios.
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Hola, muy buenas a todos. Me gustaría empezar mi comentario dedicando mis mejores deseos a Pedro Julián y a Gabriel, confiando en que la misión que emprenden dé sus mejores frutos.
Al hilo de su entrada, D. Manuel, y siguiendo la línea de mi reflexión anterior, creo que la razón fundamental del trabajo en equipo es la cantidad de beneficios que ofrece el apoyo entre sus miembros, empezando por la confianza que requiere el hecho de colaborar.
Ésta resulta ser un factor necesario a la hora de distribuir el trabajo, no es difícil reconocer que confiar una tarea a quien demuestra no estar capacitado para llevarla a buen término sería, cuanto menos, un acto irresponsable. Y ahora una obviedad por otra: qué lenta de conseguir es la confianza, y qué fácilmente puede derrumbarse. Tal es su valor.
Otro de los beneficios del apoyo es el cuidado, la ayuda, tan importante en el aspecto físico como en el psicológico y el espiritual. Y no sólo ofrecer cuidado poniéndonos al servicio del prójimo, sino también saber pedirlo y aceptarlo con humildad cuando sea necesario, lo cual no siempre es sencillo.
La lista de beneficios de apoyarse en alguien digno de confianza es mucho mayor (la responsabilidad, la eficacia y la eficiencia etc.), pero para no extenderme demasiado terminaré con el propio sentido del crecimiento. Así, un esposo no puede serlo sin su esposa, como una esposa tampoco puede serlo sin su marido, cada uno en su rol crecen juntos. Tampoco se es padre sin haber tenido hijos, y nadie es hijo sin tener o haber tenido padres. Así, tampoco un maestro es tal sin sus alumnos, como un alumno no puede serlo sin un maestro. En resumen, un compañero no puede serlo sin compañía, ni un pastor sin sus ovejas. Esto es lo que nos hace crecer.
Con todo esto, entiendo entonces que cuando Cristo enviaba a sus apóstoles en grupos o parejas antes de la Pascua para realizar alguna tarea, lo hacía porque confiaba en sus capacidades para llevar a cabo esa tarea, y que lo hacía también porque confiaba en que en su camino se cuidarían entre sí y también en que cuidarían de los demás. Y así lo entiendo porque Cristo es el Maestro de sus discípulos, el Hijo del Padre, el Esposo de su Iglesia. Nuestro mejor y más perfecto Compañero de Vida. El Pastor de la Grey (Cristo no puede no ser, sino que, en realidad, más bien lo es todo), y nuestro crecimiento viene de Él y con Él.
En otro orden de cosas, nos propone usted reflexionar sobre el estado de la comunión entre nosotros, señalando, muy acertadamente, a una sociedad actual con un paupérrimo nivel de compromiso, más centrada en el protagonismo individual y en rivalidades que poco o nada tienen que ver con el verdadero crecimiento espiritual.
Desde mi humilde punto de vista, estos son los frutos que desde hace décadas viene sembrando el pensamiento relativista tanto desde fuera como desde dentro del cuerpo de la Iglesia, desde los sutiles cambios en el lenguaje, que dan lugar a interpretaciones ambiguas y personales, hasta los ataques más frontales en contra de la tradición apostólica. Son estas algunas de las armas de un tipo de pensamiento que conforma un paradigma populista soterrado que el grueso de la sociedad, ora por pereza, ora por desidia, no somete a crítica, sino que lo consume y lo defiende repitiendo eslóganes carentes de reflexión, y que no hacen más que incentivar la falta de entendimiento, y con ella, la cizaña y la polarización, relegando el respeto y la verdad al terreno del escepticismo cuando no del ostracismo.
Siento estas palabras que a muchos pueden sonar rimbombantes. Puede que la mejor forma de expresar lo que entiendo es que la batalla contra ese nuevo gnosticismo, hijo de los sofistas (del relato), se está perdiendo. ¿Qué podemos hacer? Mantenernos firmes en nuestra Fe y desarrollar el sentido crítico: «Estar siempre vigilantes, y orar para que podamos escapar de todo lo que está por suceder, y presentarnos delante del Hijo del Hombre.». Lc 21, 36.
Reciba, D. Manuel, y todos sus lectores, un afectuoso saludo, y que Dios Padre nos guíe y nos guarde.
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