PAN QUE MADURA

MANUEL PÉREZ TENDERO

¿Por qué multiplicó los panes Jesús para la multitud? La razón no parece ser una necesidad apremiante: la multitud no iba a morir de hambre si no comían aquella jornada. El milagro nos recuerda un poco a las bodas de Caná: la falta de vino en un banquete no parece ser una necesidad suficiente para que Dios actúe directamente en nuestra vida cotidiana; ciertamente, existen necesidades mucho más importantes.

El contexto del milagro nos puede indicar la dirección para interpretar de forma correcta el milagro: Jesús vio a la muchedumbre como “ovejas sin pastor” y le movió a compasión. ¿Qué hizo Jesús para remediar aquella situación? Se puso a enseñarles muchas cosas.

La necesidad principal de la muchedumbre no está en el alimento físico, sino en la falta de horizonte, de motivación, de una palabra que llene de sentido sus vidas. Jesús ha venido a ser Maestro de la muchedumbre, Pastor que conduce, con su palabra, la vida de estas gentes que necesitan encontrar el rumbo de su camino.

El pan repartido, entonces, es el signo de la palabra del Maestro, de la voz del Pastor. En el Antiguo Testamento se da esta relación entre pan y palabra, pan y ley. Con el pan repartido a todos, que abunda y sobra, Jesús está reivindicándose como el Pastor definitivo de esta muchedumbre. Hay muchos alimentos que no sacian, hay muchos maestros que no enseñan el camino de la vida: Jesús es el enviado de Dios para conducir a su pueblo.

La multiplicación de los panes, por tanto, es, ante todo, un signo: manifiesta la verdad de Jesús. En esta misma dirección se comprende la reacción de la gente que se sació: vieron en Jesús al profeta que Dios había prometido por boca de Moisés; él es el sucesor de Moisés, aquel a quien Dios habría de enviar para pronunciar su palabra definitiva.

También nos dice el evangelista que Jesús se retiró porque iban a proclamarlo rey. Además de profeta, el signo de los panes y los peces manifiesta a Jesús como Mesías, como hijo de David. Las promesas a Moisés y a David se cumplen en Jesús: él es profeta de Dios y rey del pueblo, pastor definitivo de la historia de la salvación.

Entonces, lo que llama la atención es la reacción de Jesús. Si él es el profeta, si él es el Mesías, si la gente sabe reconocerlo como tal en el signo del pan, ¿por qué huye, por qué no deja que se cumpla el objetivo de sus milagros? Si Jesús hubiera aceptado el éxito en este momento, ¿no se habría ahorrado el fracaso posterior ante el pueblo y sus autoridades? ¿Tiene miedo Jesús de ejercer aquello para lo que ha venido? ¿Por qué se retira?

Tal vez, la clave esté en el tiempo, en la “hora”, diría san Juan. Tal vez, aún no es el momento adecuado, no está aún maduro el fruto. La paciencia es clave en las cosas de Dios y de los hombres. El ministerio de Jesús aún no ha terminado, no se deben adelantar los procesos, todo requiere su tiempo: la muchedumbre no está preparada para conocer las implicaciones del mesianismo de Jesús, no está preparada para seguir a Jesús de forma radical y definitiva.

Pero hay otra clave aún más profunda, que no está en la muchedumbre, sino en el mismo Jesús.

La dinámica de la encarnación nos enseña que Jesús, como hombre, no es el Pastor, sin más, y solo es cuestión de que la gente lo reconozca como tal; la misión de Jesús no tiene que ver solo con los destinatarios: su ministerio lo configura a él mismo porque, como hombre, tiene que llegar a ser aquello para lo que ha venido. Jesús, que es el Mesías, tiene que llegar a serlo de forma plena, recorriendo un camino que aún no ha terminado. La carta a los Hebreos nos dice que Jesús tuvo que llegar a la perfección a través del sufrimiento y de la muerte. El momento de la coronación mesiánica de Jesús, de su proclamación como rey, llegará con la cruz y la coronación de espinas. Jesús llegará a ser pastor pleno cuando, convertido en cordero, entregue su vida por amor y sea resucitado por el Padre.

El tiempo de Jesús, no solo el de la muchedumbre, aún no ha llegado. Además –y aquí está tal vez la clave definitiva–, Jesús no puede ser coronado rey por la gente, sino por Dios; su mesianismo no es un acto de aclamación popular, sino de obediencia al Padre.

2 respuestas a “PAN QUE MADURA

  1. Avatar de Manuel Manuel 28 de julio de 2024 / 12:48 pm

    …para ser repartido y compartido cuando se entrega para nuestra salvación…signos escatologicos de un Reino siempre por llegar…cuando conozcamos para ser reconocidos por Aquel que consuma nuestra fe y alivia en la precariedad que padecemos…gracias Señor porque te preocupas de nosotros…Amén.

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  2. Avatar de ordonezemma40 ordonezemma40 30 de julio de 2024 / 10:57 pm

    Amén. Hermosa prédica. Gracias padre.

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