DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN

MANUEL PÉREZ TENDERO

Desde mis tiempos de seminarista, cuando estudiábamos las asignaturas de Sagrada Escritura, recuerdo que había un Salmo que me llamaba especialmente la atención: el Salmo 92 (91); es el Salmo con el que rezamos en la liturgia de este domingo. Elegí este texto cuando el profesor nos propuso hacer un trabajo sobre un Salmo bíblico.

Me llamaba especialmente la atención la última estrofa: «En la vejez, seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso para proclamar que el Señor es justo». Cada vez que rezaba estas palabras tenía en la mente a los ancianos que conocía, muy especialmente a mi abuela paterna. Alguna vez hablé con ella de este Salmo: cuando parece que se desvanecen las tareas en la vida, aún nos queda la principal, alabar a Dios.

También me atraían los ejemplos de la palmera y el cedro del Líbano aplicados al justo y su fortaleza. En el atrio del obispado de Tours, se eleva un cedro precioso y espectacular; quien lo plantó, seguramente, se inspiró en el Salmo y quería dar un mensaje de firmeza y confianza a las personas que por allí pasaban. También son numerosas las palmeras en los atrios de algunas iglesias: contemplándolas, nos viene a la cabeza el justo del Salmo, que está plantado en la casa de Dios, en los atrios del templo.

Este mismo ejemplo abre el libro del Salterio: el justo es como un árbol plantado al borde de una acequia, que florece y da fruto a su tiempo. La acequia que lo riega es el mismo Señor, su palabra y su presencia que se extienden desde el templo.

El ejemplo del árbol, con la simbología de su firmeza, frescor, belleza y fecundidad, se desarrolla en toda la Escritura y llega hasta el mismo Jesús.

Al finalizar su primer discurso –en el llano, según san Lucas, y en el monte, según san Mateo–, Jesús también habla de los árboles y sus frutos. En concreto, menciona los higos y las uvas, que no se recogen de la zarza y los espinos. El ejemplo del árbol sirve para expresar de forma muy sencilla y profunda la verdad del hombre, que se expresa en sus obras.

Concretando aún más, Jesús aplica el símbolo del árbol al corazón humano, a su interioridad; por otro lado, los frutos los refiere muy especialmente a su forma de hablar, pronunciando una de esas sentencias sapienciales que han pasado a nuestro refranero: «De la abundancia del corazón habla la boca».

Es la misma perspectiva que nos ofrece la lectura del libro del Eclesiástico que la liturgia nos ofrece como obertura a la liturgia de la Palabra de este domingo: «No juzgues a nadie antes de oírle razonar, antes de escuchar sus palabras».

Los frutos que nos dan a conocer, por tanto, se refieren a nuestra conducta en general, pero con una insistencia particular a nuestra forma de ver las cosas, a nuestros planteamientos de fondo, a las ideas del corazón, que se expresan en nuestro lenguaje.

Si nuestra palabra está llena de críticas a los demás, si se expresa en unas formas poco educadas o lleva consigo violencia, está expresando el tono de nuestro corazón, lo que somos por dentro.

También sucede lo contrario, en positivo: si nuestro corazón está lleno de cariño hacia la persona con la que hablamos, nuestra palabra será amable y cercana, nuestro juicio sobre ella será siempre conciliador.

Si nuestro corazón está lleno de Dios, también nuestra boca rebosará palabras filiales y llenas de fe. Cuando alguien está enamorado, no deja de hablar de la persona amada: el corazón rebosa realmente en sus palabras.

Me pregunto de qué está enamorado el hombre medio de nuestra sociedad, o qué es lo que rebosa del corazón de tantos creyentes que frecuentamos la Iglesia. Si queremos saberlo, basta escuchar nuestras conversaciones, aquello de lo que hablamos y aquello que callamos.

Cuando el corazón está lleno de Dios, su rebosamiento se extiende hasta la vejez: siempre es tiempo adecuado para alabar a Dios y transmitir esperanza y sencillez a los que nos rodean.

2 respuestas a “DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN

  1. Avatar de MNLopez MNLopez 2 de marzo de 2025 / 12:11 pm

    …podemos hablar bien de Dios a nuestro prójimo para dar testimonio de la fe y El Espiritu Santo que nos precede…vivamos en esperanza…sigamos en camino…gracias Señor…

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  2. Avatar de Alexander Bolívar Alexander Bolívar 4 de marzo de 2025 / 12:04 pm

    Escribo desde Venezuela ,estoy cautivado por cautivos de la palabra.Estoy emocionado por todo el material que he visto,y lo que han subido a Youtube,soy laico casado y la verdad les agradezco por todo su servicio!!!!

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