MANUEL PÉREZ TENDERO
Los problemas que surgen entre hermanos en el reparto de la herencia no son nuevos en la historia de la humanidad. Este domingo leeremos un texto en el que un galileo le pide a Jesús ayuda para solucionar los problemas de herencia con su hermano.
Jesús no acepta el oficio de mediador que se le pide, pero aprovecha para dar una enseñanza desde la raíz del problema: la codicia. Años más tarde, san Pablo, discípulo de Jesús, escribiendo a Timoteo, dirá que «la codicia es la raíz de todos los males».
En el discurso del Monte, Jesús también había sido categórico ante sus primeros discípulos: «No se puede servir a Dios y al dinero». La codicia, por tanto, nos aparta del hermano y nos aleja de Dios.
La escena del joven rico es una dramática escenificación de esta enseñanza: un hombre bueno, con profundas inquietudes religiosas, acaba por rechazar el discipulado a causa de sus bienes.
La dinámica de la codicia funciona en el ámbito familiar y en otras muchas relaciones humanas, como en el mundo del trabajo. También funciona en la esfera de la política internacional: si repasamos la historia, la mayoría de los conflictos y guerras que ha habido a lo largo de la historia han sido causados por la codicia.
¿Por qué es así el ser humano, de dónde brota ese afán de tener siempre más? ¿Por qué hay gente dispuesta a sacrificarlo todo por dinero?
Quizá no sea una casualidad que Jesús comience el discurso del Monte con la bienaventuranza sobre la pobreza. Ahí se dice que el futuro es de los pobres, el Reino de los cielos; pero también parece que es suyo el ámbito de la fe y del amor. Cuando ponemos como meta el tener, las relaciones personales acaban por desvirtuarse.
Tal vez, tampoco sea casualidad que nuestra sociedad sea cada día menos creyente y abunde en ella cada vez más la soledad: ¿no será fruto de nuestra codicia? ¿No hemos hecho del afán de lucro un fin en sí mismo, una meta insaciable de nuestras relaciones económicas a todos los niveles?
Hace falta mucha sabiduría para comprender algo muy simple, que Jesús nos recuerda: «Aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes»; no solo porque puede morir en cualquier momento, sino porque sus relaciones, toda la riqueza de matices en que consiste vivir, no depende de lo que ha acumulado.
¿Qué tienen que ver estas reflexiones con la celebración del domingo? ¿Por qué se proclama este evangelio en el corazón eucarístico de la comunidad? La fe es escuela de sabiduría, la eucaristía es un misterio de comunión. Forma parte de la liturgia dominical la colecta en el momento del ofertorio: compartimos nuestros bienes con los hermanos; forma parte de la liturgia también la oración del Padrenuestro, en el que decimos estar dispuestos a perdonar las deudas de los demás. Forma parte de la liturgia el alimento del «pan de cada día», con el que Dios nos sostiene en esta vida y nos alimenta para la eternidad.
En la eucaristía aprendemos los caminos de Jesús y acudimos dispuestos a convertir nuestras vidas según su palabra. Desde los albores de nuestra era, los cristianos se convirtieron en profetas de otra forma de vivir en medio de las ciudades del Imperio: ¿no deberíamos seguir siendo profetas de otro estilo de vida, de otra forma de economía, de una manera nueva de relacionarnos con los bienes y el dinero?
Es posible que, si nuestra fe no influye en nuestra economía, nuestra economía acabe por socavar los cimientos mismos de nuestra fe. Es cierto que el dinero y los bienes no son malos en sí mismos: son un medio que nos puede ayudar a crecer como personas; el problema está cuando los convertimos en un fin en sí mismo, y todo lo demás, también la familia y la fe, quedan supeditados a ese fin.
Como aquel galileo, también nosotros nos acercamos con sencillez al Maestro este domingo para poner a sus pies nuestros problemas más cotidianos; no pretendemos que nos dé una solución inmediata y mágica, sino que nos enseñe a transformar de raíz toda nuestra vida.
es un pecado capital para renunciar y pedir perdón…quiero ver con ojos nuevos los bienes que recibo de Dios con un corazón agradecido …gracias Señor por mi comunidad…seguimos caminando.
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