VOLVER A JERUSALÉN

MANUEL PÉREZ TENDERO

Uno de los textos más hermosos y conocidos sobre las apariciones de Jesús resucitado es el de los discípulos de Emaús. San Lucas es quien nos transmite esta tradición y nos regala un relato lleno de matices, con una teología profunda y una actualidad enorme.

Hemos reflexionado muchas veces sobre este texto y siempre podemos encontrar matices nuevos e interrogantes para nuestras vidas de creyentes. En este domingo, os invito a leer este relato desde la parábola de la oveja perdida, que aparece en el capítulo quince de san Lucas.

Desde la Iglesia primitiva, la simbología del pastor se ha aplicado a Jesús, no solamente en su vida pública sino, sobre todo, en su condición de resucitado. Él se ha hecho Cordero, llevado en silencio al matadero por nuestros pecados, para convertirse en Pastor definitivo de nuestras vidas.

¿Quién es la oveja descarriada en el relato de Emaús? Los dos discípulos que, de espaldas a Jerusalén, regresan a su vida anterior porque han perdido la esperanza en Jesús como Mesías.

El redil es Jerusalén, la Iglesia, reunida en torno a los apóstoles y con la presencia de María. La decepción ante el pastor de Galilea, que ha resultado ser cordero derrotado, se convierte en lejanía de su comunidad; se trata de una constante en la historia de la Iglesia: quien se aleja de Cristo se aleja de la Iglesia, quien pierde la esperanza abandona la comunidad.

La oveja descarriada, en este caso, no es el pagano o el alejado desde siempre, sino aquel que fue discípulo y se ha marchado para rehacer su vida. ¿No es esta la condición de muchos cristianos de nuestra Iglesia? ¿Cuántos han abandonado la fe? ¿Cuántos han abandonado, sobre todo, la comunidad? ¿Cuántos se han marchado de Jerusalén? Muchos de ellos, incluso, fueron antiguos apóstoles convencidos: catequistas, jóvenes de grupos parroquiales, personas comprometidas en el coro parroquial o en algunas acciones caritativas de la Iglesia. Después de los años, no solamente han dejado de colaborar activamente con la Iglesia: muchos de ellos han dejado la práctica eucarística y no se acercan muy a menudo por el redil, por aquella que fue su casa durante tantos años.

Creo que, en muchos de estos casos, la lejanía tiene que ver también con la decepción, como en el caso de los discípulos de Emaús: «estar de vuelta» podría ser una buena expresión para definir la situación de muchos creyentes de cierta edad en nuestras parroquias.

Jesús no quiere que sus discípulos se queden en Emaús: los necesita, de vuelta, en la comunidad, para poder enviarlos de nuevo a la misión. Ya estuvieron con él, ya fueron discípulos, ya participaron de forma activa en la pastoral del Reino; muchos de ellos predicaron con pasión las enseñanzas de Jesús… Pero, tarde o temprano, la cruz del Mesías se hace presente en nuestras vidas: pasa a nuestro lado, como la Pascua, y deja huella.

Quizá está aquí una de las claves de la nueva evangelización: apóstoles que han superado la tentación de la desesperanza, que han regresado a la comunidad, que no siguen a Jesús por un proyecto hermoso que congrega a muchos, sino que han sido rescatados por la persona de Jesús y viven de su presencia oculta y real. Ya no es el ímpetu primero y juvenil lo que les mueve, ya no es su pasión por el proyecto o las actividades que conlleva, o la gente que convoca, sino el amor resucitado de Jesús que ha pasado por la cruz y les ha mostrado las heridas del verdadero amor.

Jesús, como un peregrino desconocido, se acerca a todos nosotros –discípulos antaño y quizá decepcionados ogaño– para vincularnos para siempre a su persona y devolvernos a Jerusalén.

La Iglesia nos necesita renovados, con la fuerza de aquellos que han sido rescatados de la rutina, para extender la experiencia del Resucitado a todos los hombres.

Rogamos al peregrino de Emaús por tantos hijos suyos que fueron apóstoles y hoy viven alejados: que el Pastor les salga al encuentro para que arda su corazón, lo reconozcan y vuelvan a Jerusalén.

2 respuestas a “VOLVER A JERUSALÉN

  1. Avatar de Manuel Manuel 19 de abril de 2026 / 11:21 am

    …que así sea entre nosotros…hermanos congregados que se reconocen al partir el pan porque el Señor nos conoce y camina a nuestro encuentro…gracias Jesús.

    Me gusta

  2. Avatar de Juve Herrera Juve Herrera 19 de abril de 2026 / 4:49 pm

    Aleccionadora y hermosa perspectiva del Evangelio de hoy, querido Padre Manuel. Suele atribuirse la desesperanza que proviene de fuentes exclusivamente humanas a la Iglesia, a la propia fe y a la comunidad parroquial, porque priva entre sus integrantes la división, la vanidad y el culto a uno mismo. De ese Emaús hemos de volver para acogernos al Amor del Buen Pastor. La tarea de todos los días es procurar que arda nuestro corazón alimentado por el fuego de la misericordia divina.

    Le gusta a 1 persona

Replica a Juve Herrera Cancelar la respuesta