ALARGAR LA MANO

MANUEL PÉREZ TENDERO

«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí». Es la respuesta que Adán dio a Dios para justificar su pecado. Desde Adán hasta hoy, todos buscamos chivos expiatorios para no afrontar la propia culpa, siempre son los demás los responsables de todo lo malo que nos sucede. En muchos casos, buscamos a los culpables en las personas más cercanas: «la mujer que me diste como compañera», los hijos, los padres, el marido, los hermanos, los compañeros de trabajo…

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EN MEMORIA MÍA

MANUEL PÉREZ TENDERO

El significado de la Eucaristía cristiana, nacida en la Última Cena, está anunciado en el sacrificio de alianza que Moisés realizó en el desierto, en el monte Sinaí, en presencia de todo el pueblo, camino de la tierra prometida.

En aquella ratificación de la alianza hubo, ante todo, tres elementos: el sacrificio, la alianza y los mandamientos que Dios le daba al pueblo. El sacrificio, rociando con la sangre a todo el pueblo y al documento, sirve para ratificar la alianza, para sellarla; por otro lado, los mandamientos son el contenido de esa alianza, aquello a lo que el pueblo se compromete para mantenerse fiel al pacto con el Dios que le ha sacado de Egipto y lo ha elegido.

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VIVIENDO LA TRINIDAD

MANUEL PÉREZ TENDERO

Para el libro del Deuteronomio, el monoteísmo es la raíz del moralismo bíblico: porque solo hay un Dios se deben cumplir sus mandamientos. La alianza, la relación con Dios, tiene como contenido el cumplimiento de su voluntad. Sin ello, la alianza se rompe y el pueblo será expulsado de la Tierra Prometida.

La fe bíblica, por tanto, no es un conjunto de afirmaciones teóricas sobre el ser de Dios, sino la afirmación de su presencia, de su cercanía al pueblo, con la llamada continua a la responsabilidad.

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LA LENGUA QUE NOS UNE

MANUEL PÉREZ TENDERO

Tengo entre mis manos una edición del Nuevo Testamento y el libro de los Salmos en lengua occitana, en aranés. Me lo regaló su autor cuando compartimos eucaristía y fe en los preciosos valles pirenaicos que se abren desde España hacia Francia.

La presentación de esta edición está firmada por el arzobispo de Urgell en el día de Pentecostés del año 2012. Esto es Pentecostés: la Palabra de Dios extendida en todas las lenguas del mundo.

Aquella mañana en Jerusalén, cincuenta días después de la Pascua, cuando la primavera empezaba a dar paso al verano, el fruto más claro de la efusión plena del Espíritu fue la capacidad de hablar en lenguas por parte de los apóstoles. ¿Qué significa este carisma del don de lenguas? Lo podemos interpretar, al menos, de tres maneras diferentes.

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SU ASCENSIÓN Y NUESTRA MISIÓN

MANUEL PÉREZ TENDERO

La ascensión de Jesús a los cielos significa, ante todo, la exaltación de su humanidad, la victoria definitiva sobre la muerte. En palabras de san Pablo, aquel que se rebajó hasta someterse a una muerte de cruz es ahora exaltado por Dios, constituido Señor de toda la creación.

Pero parece una exaltación oculta, casi privada. Como dirían los primeros cristianos, aún no vemos de forma explícita que todo le haya sido sometido a Jesús de Nazaret.

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LA FIDELIDAD DEL SARMIENTO

MANUEL PÉREZ TENDERO

En nuestros campos, las viñas ya se van vistiendo de verde, germinando un año más en esta primavera bendecida por las lluvias. Los sarmientos ya fueron podados y, ahora, toca germinar y crecer para que la cosecha llegue abundante al final del verano.

En este tiempo de brotes, Jesús de Nazaret nos habla de viñas, sarmientos, frutos y poda. La imagen de la viña es una de las metáforas más importantes de la Biblia, que sirve de unión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En los profetas sobre todo, pero también en los Salmos y en el Cantar de los Cantares, la viña –uno de los cultivos principales de la tierra prometida– sirve para simbolizar al pueblo elegido: Dios sacó una vid de Egipto y la trasplantó en Canaán; allí, ha empezado a extender sus sarmientos hasta el mar.

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